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La crisis se evidencia
Desde lo público se persiste en la actitud irresponsable de minimizar la magnitud de la crisis económica que afecta al Ecuador.
Sin entrar a juzgar, calificándolas, las razones para que pese a la bonanza de los precios del petróleo ahora se la sufra, cabe no aceptar sin protestarlo, que se insista en que dicha crisis es manejable y en que haber invertido (gastado) los excedentes generados por los precios del crudo, que superaban los establecidos en los presupuestos, era lo que había que hacer.
Pese a que es inútil llorar sobre la leche derramada, conviene en cambio recalcar el equívoco manejo de los tiempos de bonanza, buscando, al menos, lecciones hacia el futuro.
En efecto, una economía dolarizada, dependiente en elevado grado de un producto de exportación de alta volatilidad en su precio, debió procurar mantener un nivel de liquidez suficiente para compensar los periodos de caída del mismo.
Desgraciadamente, tal cual se ha expresado en estos días, la actual crisis no evidencia, menos todavía en razón de estar dolarizados, los síntomas que tradicionalmente mostraban las dificultades económicas en tiempos del sucre pero, debe estar claro y es obligatorio recalcarlo, que ahora se dan otras manifestaciones de igual o peor gravedad, tal cual el desempleo creciente.
Haber perdido más de treinta mil empleos en el último trimestre anterior, en acuerdo con cifras del INEC, no puede soslayarse con el argumento de que otros países han sufrido impactos superiores en sus cifras de empleo, menos todavía permite negar, como se ha hecho recientemente, que “no existe incremento del desempleo”.
Tampoco puede pretenderse que se acepte que la pérdida que afecta al Ecuador “no ha sido sustancial.”
¿Qué se espera que suceda para asumir la gravedad de la situación? No beneficia a nadie el ocultarla, puesto que cada día afectando a más ecuatorianos, mayor es el porcentaje de población que la siente y la padece, y mayor la obligación del Gobierno de asumirla y convocar a un esfuerzo conjunto para intentar superarla y repartir las cargas de la manera más justa posible.
Conociendo el impacto social del desempleo y sus consecuencias, bien se haría en asumirlo como un indicador irrebatible de una situación que no permite otra actitud que la de enfrentarla con decisión y solvencia técnica.