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La crisis de Correa

Correa admitió la dificultad económica que vive su Gobierno. Y, por esta, su culpa, paraliza y empobrece al país y a la gente. Es una necedad querer el “tipo de cambio” como herramienta de política monetaria. Un plebiscito sobre el dólar lo pierde 10 a 1. Por esto no se atreve a desdolarizar, aunque desesperadas ganas le sobran. Igual con su reelección.
En 2013 dijo: “Hay gente muy pendiente de lo que pasa en Ecuador, de esta esperanza, el socialismo del siglo XXI, de las nuevas ideas que están surgiendo en América Latina; de ver el estancamiento de Europa, mientras países como Ecuador crecen, reducen pobreza, reducen desigualdad. Entonces el modelo ecuatoriano ya se lo conoce como el milagro ecuatoriano”.
Su desenfrenado gasto público y monstruoso endeudamiento (que bautiza como “inversión”, ¿?) ha generado gigante inflación, mayor que en EE.UU. Ha gastado rentas petroleras y casi triplicado la deuda. No permite criterios adversos, persigue a la prensa libre.
Hay carestía, escasez, desempleo, inseguridad, aumento de la delincuencia. Su “milagro” se derrumba. Le echa la culpa a la “caída del precio del petróleo y a la fortaleza del dólar”. El petróleo está en US$ 20. Pero bajará, y se detendrá. Dios no quiera que, lamentablemente, llegue a US$ 7, que cubre el costo de los mayores exportadores. El nuestro está inflado por excesos de personal y desatinos financieros.
Es pueril que Correa y Maduro rueguen a la OPEP y a los mayores exportadores que reduzcan la oferta. Que ellos dejen de vender para que suba el precio y los de acá vendan.
“No podemos hacer milagros ante tremendo ‘shock’ externo. Probablemente no crezcamos este año, sino que decrezcamos”, dijo Correa.
Con el dólar el pueblo puede comprar más con menos. Con tantos impuestos, salvaguardias, amenazas, estimula al contrabando, ahuyenta la inversión.
Pretender que las herencias beneficien a la burocracia y al Estado es otra aberración que la gente sencilla y humilde rechaza, y paraliza la economía.
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