Corrupcion
El mundo está escandalizado ante la corrupción campante que, de polo a polo, involucra a todos los países del mundo donde reina este tipo de inmoralidad, sea grupal o individualmente.
Los escándalos de los “Panama papers” y de la FIFA evidencian que este mal se encuentra diseminado en la superficie del globo y que basta presionar en algún sitio para que brote pus, cual volcán imparable.
Desde que fui director del Hospital del Niño no faltó quien me aconsejara que recibir el 10 % de comisión por una compra era perfectamente “legal”, toda vez que los propios vendedores tienen asignada esta cifra en sus ventas, reconociendo así que existe en toda transacción, un beneficio para el comprador.
Me tocó adquirir todas las máquinas de escribir para la consulta externa y el área administrativa, junto con las calculadoras que se requerían. El vendedor me habló inmediatamente de la comisión, que aceptándola, la hice incluir en el listado de lo que debía entregar y que consistía en 2 máquinas con carro grande para escribir en las hojas contables de la época, 3 máquinas normales, 2 calculadoras eléctricas y el reloj para registro y control del personal.
El vendedor posee ahora una lubricadora en Urdesa, que yo frecuento, y me ha dicho: “Usted es el único funcionario que se negó a recibir una comisión por una compra”.
Con el escándalo del Brasil, me parecieron folclóricas las declaraciones de Dilma Rousseff, que invalidaba la decisión del Congreso mencionando que era un atentado contra ella, cuyo cargo se sustentaba en la votación popular, que mayoritariamente la eligió como presidenta de esa nación.
Error craso el de Dilma, puesto que el haber sido elegida por esa notable mayoría de votos no significaba una patente de corso para que hiciera en el ejercicio del poder lo que le viniese en gana. Sus actos debían ceñirse estrictamente a las leyes y cumplir las exigencias administrativas y financieras existentes.
Quienes comandan una nación ejercitan el poder sin ser dueños de él, por lo que deben actuar con criterio, firmeza, respeto y acrisolada honestidad.
Y sigo andando...
colaboradores@granasa.com.ec