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Comunicarse para evitar el creciente abuso sexual a ninos
Mi madre (que vive aún) era una mujer de temple y carácter; de garra y coraje, en su vida social y laboral. Pero con su hijo (yo) era cuidadosa y previsiva; amorosa y tierna. Me acuerdo que de niño un día me dijo que si algún hombre me venía a tocar mis partes íntimas o si me decía que se las tocara a él, enseguida le avisara; era una madre cautelosa de los abusos sexuales que podría sufrir su hijo.
Esa entereza y valor para comunicarse frontalmente y con confianza con sus hijos es lo que les hace falta a muchos padres actuales; cuando un niño (por ejemplo) le conversa algo a su madre para que esta a su vez se lo cuente al padre, estos, generalmente, dicen, casi textualmente: “¡No me cuentes tonterías o... No ves que estoy ocupado!”. No les interesa la vida de sus hijos, solo sus ocupaciones personales. Después, cuando surgen los problemas, es muy fácil para ellos evadir su responsabilidad echándole la culpa a otros; ahí entonces se los ve con rostros feroces, reclamando airadamente en los colegios y haciendo declaraciones para quedar como víctimas inocentes.
Miguel Ulloa Paredes