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Un clavado hacia la poesia
El libro, publicado con la editorial La Caída, buscaba ahondar en el trasfondo de estas relaciones, pero desde un equilibrio en el que la voz de las criaturas no se viera sometida ante las nimiedades humanas.

“Esta inmovilidad no es natural / echado bocarriba / como se está ante toda tragedia / mis alas no responden / puede que el mundo se haya transformado / y yo no me haya dado cuenta / quizás he perdido la cordura / y no me he dado cuenta”.
Así capturan los versos de ‘Telaraña’ los últimos segundos de un insecto antes de ser devorado.
Pero el primer poemario de la narradora y docente guayaquileña María Auxiliadora Balladares va más allá del mundo animal, conteniendo entre sus páginas la compleja relación que existe entre lo humano y lo salvaje.
El libro, publicado con la editorial La Caída, buscaba ahondar en el trasfondo de estas relaciones, pero desde un equilibrio en el que la voz de las criaturas no se viera sometida ante las nimiedades humanas.
“Con esta obra quería suplir una necesidad desbordada en mí por referir mi experiencia con la animalidad... Estos poemas no dejan de estar atravesados por mi mirada y sensibilidad humanas, pero sin duda han significado un esfuerzo por alejarme de aquellas posturas maniqueas y antropocentristas en torno a lo animal. En ellos busqué que lo animal remitiera a una potencia siempre latente y casi nunca explorada del cuerpo, de las sensaciones físicas”, relató a EXPRESO.
Pero aunque ‘Animal’ es el primer poemario de Balladares, los textos líricos siempre han sido amigos cercanos. Con ellos se inició en la lectura y la escritura, pese a que luego fue cambiando de género. Los cuentos mantuvieron su atención durante muchos años, tanto que su primera obra publicada fue ‘Las vergüenzas’, libro que recopilaba relatos escritos a lo largo de una década.
El proceso poético, no obstante, la embelesó.
“Los procesos de escritura, edición y la técnica ciertamente cambian, pero creo que lo que realmente se altera es la percepción sobre el mundo. No es igual pensar el mundo como narradora que como poeta. Me parece que la narradora aprehende su experiencia en términos sintagmáticos, lo que hace posible la construcción de un texto narrativo justamente; mientras que la poesía responde más a una lógica de la acumulación, o de la profundización, que sería más bien paradigmática”, comentó.
El libro está estructurado en tres partes: ‘Animal’, ‘Seguir al animal’ y ‘Devenir’. La primera sección cuenta con una voz poética planteada desde las propias criaturas, mientras que la segunda aborda lo animal desde la mirada humana.
La tercera sección es la más intensa de la obra, pues sus imágenes directas y complejas impactan al lector. En ella, Balladares quiso transmitir la animalidad desde lo interno.
“Deleuze y Guattari hablaban del devenir animal, es decir, la animalidad atraviesa a la persona humana como una experiencia que permite una potenciación de su propio cuerpo... Me gustan más los humanos que se dejan afectar por la animalidad, como la mujer que se clava en el agua como un pelícano para comerse el pez que este desprecia por estar lleno, o los niños que por tomar un caldo imaginan que su padre les ha regalado el don de volar”, describió.
El poemario cuenta también con una serie de ilustraciones de Luiggi Raffo, Eduardo Adams y David Kattán, quienes ayudan al lector a dar vida a los textos líricos.
La escritora indicó que este año planea publicar su segundo poemario, un texto inédito con cuyo lanzamiento espera “cerrar un ciclo”.