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Ciudadania y discurso electoral

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No cabe duda que en medio de un proceso y accionar electoral, lo que se podría llamar “la esencia de la política” y también la “línea programática” no son los ejes y aspectos fundamentales de las presentaciones, de los discursos y de lo que expresan los candidatos. Por eso, con razón, se dice que las campañas previas a las elecciones son “concursos de impulsadores de productos” (candidatos marca) que buscan impactar en el mercado electoral.

Incluso se ha señalado que en estos momentos lo que aflora es el conjunto de recursos tácticos y estratégicos que los planificadores y genios de la comunicación diseñan como forma y contenido de las ponencias de los candidatos a las distintas dignidades que se disputan en estas lides.

Además de esto, sale a la superficie lo que suele llamarse “estrategia electoral y comunicacional”. En efecto, si observamos atentamente el comportamiento de los diferentes candidatos, así como el uso de sus recursos expositivos, el ciudadano se percata de que los discursos no se refieren tanto a la política, cuanto más a la necesidad de imponerse, ganar adeptos y sumar votos para que el “producto-candidato” se promocione y triunfe en los diferentes eventos.

De modo que el ciudadano medio y común tiene que tratar de adquirir clara conciencia de qué es lo que escucha y se le ofrece en la campaña electoral, pues se refiere lejanamente a la política. Lo que le dicen más tiene que ver con lo que publicistas y marqueteros llaman “necesidad de ganar adeptos, votos y la elección final”.

El ciudadano llano debe procurar conocer con precisión cómo operan y actúan las estrategias ideológicas, sociopolíticas y publicitarias. Él debe saber que en estos momentos lo que prevalece es un conjunto de pasos tácticos para captar el interés, atención y preferencia de los electores. De modo que los partidos, los movimientos y los políticos no buscan politizar y ciudadanizar al elector sino “convencerlo y persuadirlo” respecto al conjunto de promesas que hace cada candidato.

Por eso es tarea y deber del votante no dejarse guiar ni “ser tomado” por la propaganda y publicidad electoral. Se debe tener la capacidad crítica y analítica de percibir y comprender cuál es la persona y cuál el programa más adecuado y certero para resolver los problemas actuales del país.

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