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Cinco minutos de garua

En las instalaciones de diario El Comercio, los compañeros de las víctimas realizaron su propio y privado tributo. Levantaron una capilla ardiente en el vestíbulo y los esperaron con camisetas blancas. Efraín Segarra, Paúl Segovia y Javier Ortega fuero

Homenaje. Así recibió el aeropuerto de Quito al bimotor de caza de las Fuerzas Armadas que trajo desde Cali los restos de los miembros del equipo periodístico de diario El Comercio.

Los cuerpos de Efraín Segarra, Paúl Rivas y Javier Ortega llegaron a Quito bajo una fina llovizna. Un bimotor de caza de la Fuerza Aérea los trajo desde Cali, donde se practicó su identificación forense. Hubo banda policial, dos carros cisterna que dispararon un monumental arco de agua y un centenar de vehículos en caravana hasta la necrópolis de Memorial, en el norte de la capital. Un grupo de familiares y amigos estuvo para recibirlos. Y altos representantes de tres ministerios. El canciller, José Valencia; el ministro del Interior, Mauro Toscanini; y la viceministra de Justicia, Liliana Guzmán, expresaron los pésames oficiales y se perdieron a bordo de sus vehículos sin placas.

Día gris en Quito. En la pista de aterrizaje de Tababela, un golpe seco de bombo corta el aliento y la banda de la Policía larga a tocar una marcha fúnebre tristísima. De la compuerta abierta del avión salen uno por uno los ataúdes, envueltos en plástico, cubiertos por la bandera, portados por grupos de seis policías a paso lento. Por debajo de los plásticos se distinguen escritos a mano alzada los tres nombres. La garúa se suelta en el preciso instante en que el primer ataúd desciende al suelo y no cesa hasta que el último de ellos ha completado su recorrido de 50 metros hacia el grupo de vehículos de funeraria que espera sobre la pista, coronados con grandes ramos de rosas blancas. Los deudos también lloran, gritan los nombres, intercambian abrazos profundos y sentidos.

Antes, hubo roces en la sala de espera del aeropuerto, donde decenas de periodistas con un nudo en la garganta se agolpaban para cumplir una tarea ingrata. Llegaron los rostros conocidos de las manifestaciones frente a Carondelet, los que acompañaron todo el proceso y nada los había preparado para esta cobertura. Una inoportuna televisión empotrada en la pared despacha el México-Suecia y apenas si cabe imaginar un partido del Mundial más desatendido que este. Aquí, las lágrimas brotan con facilidad. Y los abrazos. Pero no se lleva bien el protocolo con el duelo. Hubo quien trató de organizar a los deudos en tres colas diferentes; quien pretendió negar el paso a los periodistas; hubo presencia policial más allá de la medida.

Una vez terminada la triste ceremonia del descenso, en otra sala del aeropuerto cuyas paredes fueron cedidas por la revolución a su pintor de Bolívares y Manuelas, Pavel Egüez, hablan los ministros. El de Relaciones Exteriores se limita a expresar su solidaridad a los familiares. El del Interior asegura que la banda de Guacho, el asesino, está cercada por las fuerzas colombianas. Y la viceministra de Justicia informa que, en adelante, su cartera se hará cargo del caso: “retomamos -dice- la coordinación interinstitucional que el caso amerita y en los últimos 90 días hemos estado llevando a cabo”. Confuso, como todo en el manejo de esta crisis.

Ya sale del aeropuerto la caravana rumbo a la necrópolis. La fila de los que esperan afuera es larga. Tienen una hora de recorrido por delante. En el camino, la gente se detiene con respeto y saluda. A la entrada de Pifo, los niños de una escuela han salido con una gran bandera a ver pasar el cortejo.

En el cementerio, tres salas de velación esperan a estas víctimas del terrorismo. Junto a la puerta de entrada, los deudos han improvisado un monumento fúnebre con un gran cartel que lleva los tres rostros ya emblemáticos, una alfombra de pétalos de flores blancas, tres ramos de rosas y una veintena de cirios encendidos. Papelitos de oficina escritos con testimonios de amor y fortaleza han ido pegándose sobre el cartel, hasta casi cubrirlo. Son los mensajes de los periodistas.

Así fue el regreso de Efraín Segarra, Paúl Rivas y Javier Ortega a su país: corto, silencioso y triste.

La detención de Guacho “está cerca”

Ecuador y Colombia mantienen la presión sobre Walter Arizala, alias Guacho, acusado como el autor de varios atentados en la zona norte del país, incluyendo el secuestro y asesinato de los periodistas de diario El Comercio.

El ministro del Interior, Mauro Toscanini, aseguró que el narcoterrorista está “pronto a ser localizado”. Al menos, esa es la información que el funcionario ha recibido del ministro de Defensa de Colombia, Luis Carlos Villegas.

El ecuatoriano reconoció que existen múltiples versiones sobre la situación del líder del Frente Oliver Sinisterra. “Unos dicen que está escondido, que está herido, lo localizan por un lado, por otro”, ironizó. Lo que sí parece seguro es que sigue en territorio colombiano.

Actualmente, hay 52 detenidos en Ecuador y 30 en Colombia relacionados con la banda de Guacho.