
Chile, el mejor del siglo
Esta generación no se cansa de ganar. Es difícil jugar una final con uno menos, especialmente ante Argentina, pero nos unimos más. (Arturo Vidal, seleccionado chileno)
La imagen de Lionel Messi llorando en la banca de suplentes reflejó la impotencia que sintieron los argentinos anoche cuando vieron cómo se les escapaba una nueva final, esta vez la de la Copa América Centenario, ante el mismo rival que los derrotó hace un año, Chile, y por la misma vía, la definición por penales.
Las lágrimas de la ‘Pulga’ estaban justificadas. En su mágica pierna izquierda tuvo la oportunidad de poner en ventaja a la selección albiceleste, luego de que Sergio Romero detuviera el primer disparo de Arturo Vidal en los lanzamientos desde los 12 pasos. Messi envió el esférico por encima del poste.
El error del considerado por muchos como el mejor futbolista del mundo fue el impulso anímico que los chilenos necesitaban. Desde ese momento ninguno de los elegidos por el director técnico Juan Antonio Pizzi para ejecutar la pena máxima se equivocó.
Llegó el turno de Lucas Biglia y el centrocampista del Lazio italiano también falló, permitiendo el lucimiento del arquero Claudio Bravo, quien con su atajada dejó todo listo para que Silva anote el tanto con el que Chile se llevó el emblemático título, del que podrá jactarse durante todo un siglo.
Esta generación argentina pasará a la historia como la que perdió tres finales consecutivas (una Copa del Mundo ante Alemania y dos Copas América frente a Chile). En los últimos 21 años la Albiceleste ha caído en todas sus finales disputadas.
Esta fue la cuarta final perdida de Argentina en las últimas cinco Copas América, tras las de 2004, 2007 y 2015.
Con todos estos antecedentes y lo injusto que pudo parecer el resultado de ayer, en un compromiso en el que tuvieron las mayores opciones para ganar en los 90 minutos y en los alargues, las lágrimas de Messi estuvieron justificadas.
La sensación de ‘deja vu’ rondó anoche el estadio MetLife de East Rutheford, con los futbolistas argentinos tratando de encontrar una explicación a lo sucedido, mientras que los chilenos celebraban porque pudieron hacer suya la fiesta a la que habían llegado en condición de ‘invitados’ y en la que finalmente terminaron celebrando. MGD