Actualidad
Castillo de naipes
Cual castillo de naipes, se desbarata un modelo de gestión que es fuerte candidato para constituirse en uno de los más grandes fracasos de gobierno en la historia de la República.
Las evidencias se acumulan con el pasar de los días. Aparte de las repudiables prácticas de corrupción en todas sus manifestaciones, el valor material del centibillonario dispendio de la década pasada corre el serio riesgo de perderse.
Los ejemplos abundan. En el sector de hidrocarburos, donde las inversiones globales sumaron alrededor de los veinte mil millones de dólares, se encuentran proyectos emblemáticos como la repotenciada refinería de Esmeraldas, la nonata refinería del Pacífico, el poliducto Pascuales-Cuenca, y el Terminal de Gas Licuado de Monteverde.
Se pierde, además, la fe en las escuelas del milenio como centros de educación, y lo propio ocurre con la Universidad Yachay y su, hasta el momento, fallida implantación como modelo de educación superior.
Los costos son difíciles de imaginar. La refinería de Esmeraldas ha dejado de operar por fallas en la unidad FCC (craqueo catalítico). La refinería del Pacífico es inexistente, y es un proyecto inviable cuyo socio principal es el gobierno venezolano. El Terminal Gasífero, finalmente, tiene un muelle en riesgo de colapsar y potencialmente arrasar con todas las instalaciones.
La nueva matriz productiva es un mito. En los proyectos hidroeléctricos se han invertido en exceso más de $14.000 millones. Todos tienen costos por megavatio instalado que superan en más del 50 % las normas de la industria, con especificaciones posiblemente sobredimensionadas respecto de los regímenes de agua. El Gobierno, por añadidura, ha anunciado como gran logro la exportación de electricidad a Colombia y Perú, a costos que representan un subsidio a los consumidores extranjeros, mientras se castiga, increíblemente, el consumo de la industria y hogares ecuatorianos, que son los que finalmente pagan los proyectos e infraestructura con altas tarifas, impuestos, y recargos.
El Gobierno deberá concebir nuevas estructuras de gestión cuyas bases sean sólidas, y no repliquen, o mantengan, los desastres que hoy vivimos.