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El caso Assange

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Cuando Wikileaks, la organización compuesta por varios hackers comandada por Julian Assange, que había logrado introducirse en el Departamento de Estado de EE. UU., publicó unos documentos filtrados, enviados por varios embajadores, entre ellos la representante de los Estados Unidos en el Ecuador, cumpliendo con sus obligaciones como tal y amparada en la Convención sobre Relaciones Diplomáticas (en la que daba su opinión sobre la situación política de este país), esto no le gustó al gobierno anterior y procedió a declararla persona no grata, por lo que las relaciones con EE. UU. se mantuvieron bastante tensas, hasta que se nombró al embajador reemplazante.

¿Qué es Wikileaks? Wikileaks es una organización internacional que publica, a través de su sitio web, documentos filtrados obtenidos por hackers, con contenido sensible en materia de interés público, que llegan a Wikileaks y son negociados por su creador, Assange, para ser vendidos como información periodística.

Julian Assange, de nacionalidad australiana, decidió vivir en Suecia, donde consideraba que tenía la suficiente libertad para mantener a su organización. Resulta que luego se vio envuelto en acusaciones por haber cometido, presuntamente, delitos comunes, calificados como acoso sexual, uno; y otro por violación sexual. De inmediato se inició su procesamiento y él, para ponerse a salvo, huyó a Inglaterra. Los jueces de la causa iniciaron los trámites que disponen las leyes en estos casos y se pidió su extradición.

El gobierno del Reino Unido, siguiendo el trámite legal, remitió los expedientes a un juez para que los estudie y decida si era válida la petición de las autoridades suecas. El juez falló y consideró que debía concederse la extradición. Assange apeló y el trámite llegó a la Corte Suprema de Justicia del Reino Unido, que confirmó la resolución del juez. Hasta tanto se ordenó su detención domiciliaria, la misma que le permitía gozar de libertad desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche, hora a la que tenía que recluirse en su domicilio.

Cuando Assange supo de la resolución de la Corte Suprema pidió asilo en la Embajada del Ecuador en Londres, cuyo gobierno se lo dio inmediatamente, sin seguir el procedimiento de mantener al asilado provisionalmente hasta cerciorarse de que el asilo se lo solicitaba por razones políticas y no por delitos comunes.

En fin, a sabiendas de que la figura del asilo es propia de los que consideran el Derecho Internacional Americano y que el Reino Unido no reconoce esta figura jurídica, el Ecuador le sacó mucho provecho en materia de publicidad, quedando como un Estado defensor de los derechos humanos. Ello, sabiendo que Inglaterra no le daría el salvoconducto para que abandone el país, que es el trámite que consta en la Convención de Caracas de 1954 y que rige solo para los países que la han ratificado y en la que constan algunas naciones americanas, entre ellas Ecuador.

Los pasos que se debieron dar. Cuando se conoció la verdad sobre la solicitud del asilado, manifesté que la Cancillería ecuatoriana en lugar de hacer gestiones ante el gobierno británico, exponiéndose a desaires como los que recibió el ministro de Relaciones Exteriores ecuatoriano al pedir audiencia con su homólogo inglés y lo recibió un funcionario inferior, lo que debió hacer es dirigirse a Suecia y cerciorarse de cuál era la verdadera situación de Assange.

Los abusos de Assange. Mientras tanto, este señor abusó del asilo porque así se lo permitieron. Se tomó fotos con el ministro que viajó a hacer la gestión a Londres. Habló cuantas veces quiso desde el balcón de la Embajada y se convirtió en dueño y señor del pequeño departamento donde tenemos nuestra legación diplomática.

Ha hecho bien el presidente de la República en disponer que se le impida a Assange efectuar declaraciones políticas y, además debe agregarse, que no se le permita seguir con sus negocios de los productivos Wikileaks, amparándose en la inmunidad diplomática de la que goza la embajada. Peor ahora que se ha atrevido a amenazar al Ecuador por estar dispuesto a criticar actos que él, titulándose periodista, considere que no son de su agrado.

Como ya han prescrito los delitos por los que se le perseguía en Suecia, ya no tiene razón de seguir aprovechándose del derecho de asilo. Lo que debe hacer es cumplir la sanción que le impone el Reino Unido por haber violado la prisión domiciliaria a la que había sido sometido.

Conclusión. El Ecuador bien puede pedirle al señor Julian Assange que abandone la embajada porque no existe el tal delito político, motivo del asilo. Si esto se lo hace, el Ecuador ha cumplido, con exceso, con el acto humanitario de la concesión del asilo. La sanción a la que está sometido, impuesta por las leyes inglesas, no tiene nada de política.

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