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El Palacio de Carondelet es la sede del Ejecutivo ecuatoriano cuyo titular suele ser los líderes de sus organizaciones políticas.ARCHIVO / EXPRESO

Ser candidato oficialista se ha convertido en un mal negocio de cara a la campaña

Endilgar ese adjetivo a otros aspirantes será parte de la estrategia electoral. La baja aceptación del actual Gobierno obliga a aspirantes a desmarcarse

Le huyen al calificativo: oficialista. Tanto así que el mismo adjetivo es usado como estrategia electoral para endilgarlo, con o sin fundamentos, a otros rivales electorales para alejarse del mismo.

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Tal como lo hizo en una entrevista el aspirante presidencial del movimiento Construye, Juan Fernando Velasco, al intentar desmarcarse de su todavía fresco pasado en el actual Gobierno como ministro de Cultura y asegurar que Guillermo Lasso, presidenciable de la alianza CREO - PSC, puede ser quien lleve la corona de aspirante oficialista. “Te puedo asegurar que Lasso ha tenido más injerencia en las decisiones económicas de este Gobierno que yo como ministro de Cultura, pero hay un sector del oficialismo que seguramente está conmigo (...)”, dijo Velasco.

A criterio del analista político y catedrático universitario, Santiago Basabe, más allá del “despropósito” de las declaraciones de Velasco, esto deja en evidencia que ser aspirante presidencial bajo la bandera oficialista no deja rédito electoral. ¿Por qué? “Este es un Gobierno que tiene tan bajo nivel de aceptación popular que todos intentan huir de lo que podría ser una vinculación y, en general, históricamente ser oficialista es uno de los peores insultos”, responde el experto.

Ya los que se perfilaban a tomar la bandera de candidatos oficialistas la han dejado botada en el camino. El mismo Velasco ya lo hizo con la respuesta en esa entrevista. La misma Ximena Peña, aspirante presidencial del movimiento Alianza PAIS, también se alejó del apoyo del presidente Lenín Moreno, quien además es titular de la organización política que la auspicia.

El Gobierno no tiene un candidato formal, entre otras razones, porque no lo ha expresado así.

Santiago Basabe, analista político.

Según el consultor político Pedro Donoso, al momento que la administración de Moreno se autoimpuso el calificativo de Gobierno de transición renunció a una candidatura, por lo que encuentra coherencia en sus acciones. “En la formalidad el Gobierno no tiene un candidato y la dinámica electoral va a ser que un candidato endose al Gobierno a otro candidato por los bajos niveles de popularidad que tiene... Es evidente que ningún aspirante va a querer cargar con el peso político que representa el Gobierno”.

El Gobierno es coherente. El no presentar un candidato le beneficia y es una estrategia adecuada.

Pedro Donoso, consultor político. 
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Pero la intención de la actual administración era tener un candidato para las elecciones del 7 de febrero próximo, o por lo menos así lo aseguró el entonces vicepresidente Otto Sonnenholzner en una publicación de EXPRESO del 10 de diciembre de 2019, cuando este cumplió su primer año de gestión. A decir de Basabe, la declinación de Sonnenholzner a su aspiración presidencial terminó dejando al Gobierno sin un delfín electoral.

Si no lo fue Sonnenholzner, no lo es Peña, ni es Velasco, ¿quién es el candidato del Gobierno? No tiene uno. Está claro que no es buen negocio llevar la banda de candidato oficialista.