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El caligrafo, protagonista anonimo de las bodas
Con trazos rápidos y seguros, va escribiendo a mano en cientos de sobres los nombres de los invitados a una boda futura. Esos son los momentos más intensos de una profesión que pocos conocen: la de calígrafo.

Con trazos rápidos y seguros, va escribiendo a mano en cientos de sobres los nombres de los invitados a una boda futura. Esos son los momentos más intensos de una profesión que pocos conocen: la de calígrafo.
Un oficio que tiene su lado ‘exclusivo’. “No somos muchos”, dice Francisco Mendieta Párraga, un portovejense que alguna vez intentó ser arquitecto, pero que luego acabó vinculado al mundo de la publicidad y terminó una especie de búsqueda profesional escribiendo los nombres de las invitaciones para bodas, bautizos y eventos especiales: inauguración de algún restaurante, la presentación de una empresa o para los desfiles de moda.
“Cada nombre debe ser escrito a mano, en plumilla, pluma fuente o con marcadores especiales y de colores. No importa cuántas invitaciones sean. El protocolo para este tipo de eventos impone que se lo escriba a mano”, dice Mendieta, uno de los calígrafos reconocidos de la ciudad.
Para cada cliente, el calígrafo compone una escritura a medida. Las opciones varían. La más común es la inglesa, pero también está la hardwriting, contemporánea, de imprenta, itálica, redonda...
Todo calígrafo admite haber tenido siempre una ‘obsesión’ con la escritura, pero todos aprendieron su oficio, sin formación, luego de hacer estudios de comercio, diseño de interiores, arquitectura...
Ese es el caso de Elena Chumo Delgado. De a poco se fue metiendo en el oficio. “Siempre tuve buena letra, pero lo mío era el diseño de interiores, hasta que cierto día alguien me pidió que le ayude con la escritura de los nombres en unas invitaciones. Lo hice bien y gustó. Mi nombre se hizo conocer de boca en boca”.
Algo que sucedió hace más de 20 años. En estos días es una de las actividades a las que se dedica, la otra es el diseño de arreglos puntuales en mesas para los matrimonios.
Como este tipo de labores la ejecutan unos cuantos. Todos se conocen. “Somos amigos. Algunos nos pasamos trabajos cuando no podemos atender la escritura de algún evento”, dice Jorge Valencia Brito, otro de los calígrafos, quien tiene un puesto en el área comercial de la escuela de natación Diana Quintana, en la vía a Samborondón.
En sus lugares de trabajo se apilan las cajas junto a frascos llenos de portaplumas, estilográficas y un escritorio lleno de manchas de tinta. No tienen horario cuando se trata de cumplir con las entregas. Hay quienes llenan de 100 a 150 invitaciones por día.
Cada quien tiene una lista enorme de clientes. Nombres que se relacionan con las hijas de grandes empresarios, diplomáticos, funcionarios públicos, personajes de la política...
Con bodas que se realizan en Guayaquil, pero a veces también en Roma, Buenos Aires, Shanghái o cualquier ciudad española. “Puede que la novia sea de acá, pero la ceremonia se realiza fuera del país”, asegura Mendieta.
También hay un récord en el número de invitaciones. Elena Chumo escribió alguna vez 1.200. Mendieta ha llegado a transcribir nombres en 6.000. Esto fue para la presentación de una multinacional. Valencia dice que cada año tiene a cargo llenar los partes para la Fiesta Blanca del consulado de Gran Bretaña, en Guayaquil.