Actualidad
En busca de resurgir entre los escombros
En catorce días, un total de 51.376 personas ha sido atendido por el personal de salud en las zonas devastadas por el terremoto. Entre ellas están los 4.605 personas heridas, entre las que destacan las 114 rescatadas de los escombros.

Los escombros están ahí, como evidencia de lo sucedido, pero “en Manabí nadie pierde el tiempo”. Mientras, ‘con una mano’ reciben la ayuda que llega desde otros sectores del país, con la otra, sus habitantes trabajan para sacar adelante a su provincia.
“No podemos seguir esperando. Tenemos que trabajar para vivir”, sostiene Sayra Basurto, vendedora de ropa de adultos y niños en Manta. Ella integra una de las 31 asociaciones de comerciantes minoristas del sector de Tarqui, que están reubicándose tras el terremoto de 7,8 grados de intensidad que afectó a la Costa ecuatoriana.
Basurto, al igual que decenas de vendedores, está armando su nuevo puesto en el barrio La Poza. El Municipio de Manta les asignó un lugar temporal para que puedan comenzar de cero.
Karina Suárez, administradora del mercado de Tarqui, dijo a EXPRESO que lo que se busca es que el comercio vuelva a reactivarse. En el lugar se establecen los comerciantes de las 31 asociaciones como pueden y de acuerdo con lo poco que les dejó el terremoto.
Ofelia Sánchez y su hija acondicionan su puesto de venta de zapatillas. “Al menos tenemos donde trabajar y eso es un alivio, porque tendré un ingreso para mis hijos”, dice.
Otro grupo de comerciantes se ubica en las veredas de la calle Venezuela. Jazmín Sánchez, quien vende víveres junto a su hermana, cuenta que “hay movimiento”. Ella tiene la esperanza de que todo se recupere. Recuerda que su local estaba en la calle 114 en medio de Tarqui, a donde quiere regresar cuando todo se restaure.
Más adelante, en un local de 4 metros cuadrados, hay dos vitrinas con teléfonos, lámparas y un perchero con mochilas. “Esto es lo que queda de Comercial William Palma”, cuenta Daniel Ortega. Con nostalgia recuerda que tenía un gran almacén, el cual perdió durante el terremoto. Sin embargo, da gracias de que está vivo y que puede volver a comenzar.
En Calceta, los comerciantes también intentan dejar atrás la tragedia. “Ya no es hora de ponerse a llorar. Hay que levantar nuestros cantones”, sentencia Miguel Bazurto, de 30 años. A las 08:00 de ayer, él y otros cientos de comerciantes, ubicados afuera de lo que fue el mercado, ya estaban trabajando.
A 12 kilómetros de Tosagua, la historia se repite. Rocafuerte es popular por sus dulces típicos. Para Ondina Delgado, dueña de uno de los negocios, el compromiso sigue. “Si bien la cantidad de turistas ha caído, dice que llegan personas que igual requieren hospedaje, comida o un dulce para llevar. “Por eso nosotros seguimos en pie de lucha”, añadió.
Hacia el norte, los bordes de la carretera están llenos de comerciantes que sacan sus productos agrícolas a la venta. Sus tierras y casas sufrieron daños, pero consideran que la mejor forma de volver a construirlas y ayudar a su familia es saliendo a vender. “Así tenemos un ingreso y la ayuda puede llegar a sitios donde quizá están igual o más necesitados que nosotros”, dice Ney Alcívar, vendedor informal.