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Brexit y el control de verdad

El Reino Unido está cada vez más peligrosamente cerca del brexit. Nadie sabe lo que sucederá en los próximos meses. Pero alrededor de un tercio de votantes británicos apoyan una salida “sin acuerdo” de la Unión Europea, que podría provocarle un desastre económico al país. Muchos de estos partidarios de un brexit “sin acuerdo” son personas mayores, de nivel educativo limitado, que viven en comunidades semiurbanas y pequeñas ciudades, económicamente deprimidas, concentradas sobre todo en el norte de Inglaterra. Aunque están angustiadas por el deterioro sostenido de sus perspectivas económicas, algunos estudios sugieren que tienen otras preocupaciones además del comercio internacional o la inmigración. También lamentan la pérdida de control sobre las decisiones políticas; primero ante una capital nacional poblada por élites globales educadas, y luego en años recientes ante una UE todavía más remota. Cuando las comunidades económicamente marginadas se quedan sin oportunidades, suelen aparecer la desesperación y la disfunción social. Aumenta la cantidad de familias rotas, lo mismo que los índices de abuso de sustancias y delitos, y los que pueden se van a otra parte. En vez de ser fuente de orgullo y cohesión social, la comunidad se convierte en un foco de malestar colectivo, y a veces hasta de vergüenza. Y sus miembros buscan otras fuentes de identidad y de solidaridad social, incluido el nacionalismo. Los líderes nacionalpopulistas prometen hacer a su país “grande otra vez”, librándolo de las limitaciones impuestas por acuerdos y organismos internacionales. Pero tras recuperar poderes de la esfera internacional, puede que no estén dispuestos a devolver competencias y fondos a las regiones y comunidades locales, y que elijan en cambio el peligroso camino de ahondar el enfrentamiento con el sistema internacional, presentando a sus partidarios un desfile incesante de villanos extranjeros a quienes culpar por sus padecimientos. Pero los nacionalistas no se equivocan en que hemos ido demasiado lejos con la estandarización y armonización internacional de leyes y regulaciones. En tiempos de inteligencia artificial, bien pueden las empresas y los operadores bursátiles manejar algunas diferencias normativas. ¿No podríamos devolver algunos poderes al nivel nacional, con la condición de mantener los mercados globales abiertos? Pero que los partidarios del brexit tomen nota: la devolución de poderes no se detendrá en el nivel nacional (pueden dar fe los murmullos que se oyen en Escocia y Gales). Las decadentes comunidades locales necesitan desesperadamente atraer nuevas actividades económicas, mientras que sus residentes tienen que volverse más adaptables a la globalización y al cambio tecnológico. A menudo esto demandará participación y soluciones en el nivel local, con la colaboración de los gobiernos nacionales allí donde sea necesario. Y los partidos políticos pueden tener un papel constructivo en la recuperación de poderes, fondos y (a menudo) buen funcionamiento en muchas comunidades. Es probable que recrear un fuerte sentido de identidad comunitaria positiva reste atractivos al nacionalismo combativo. En la medida en que debilite el apoyo al nacionalismo virulento, la devolución de poderes puede crear un mundo un poco más próspero, y mucho más seguro.