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Un Brasil incierto

La política es un mundo repleto de sorpresas. Hasta hace pocos meses las encuestas en Brasil arrojaban resultados que favorecían a Lula da Silva, antes de que salga definitivamente del escenario. Un 36 % del electorado, al parecer, se pronunciaba por el expresidente. Con muchos puntos atrás lo seguía el exmilitar Jair Bolsonaro. Sin embargo, lo ocurrido el domingo 7 de octubre sacude de manera significativa el tablero y nos permite sacar varias conclusiones. La primera, y si otorgamos confiabilidad a los datos de aquellas, nos lleva a sostener la fragilidad de la tendencia que favorecía a quien asomaba como víctima de un proceso y un castigo amañados. Así, el momento en que la oportunidad del caudillo se vio frenada, ese sentimiento de protección y pena cedió ante un factor que en la realidad había venido posicionándose como convicción en la mente de una gran parte de los votantes brasileños: la certeza de que la carta de presentación del Partido de los Trabajadores no era una figura ni un nombre en particular, sino la pura y simple corrupción. El 47 % de las preferencias a favor del ultraderechista Bolsonaro, traducido en una estigmatización de todo lo que implicó el manejo escandaloso del régimen por parte de la izquierda populista, ni siquiera fue el resultado de una propuesta expresada en plan de gobierno alguno. La retórica de Bolsonaro no tocó, de modo concreto, ni la falta de empleo ni el compromiso de responder a las necesidades básicas de una población carente de recursos. Se redujo a consignas y frases homofóbicas, racistas y cavernarias, como aquella de que “Pinochet debió haber matado más gente”, y a promesas de perseguir la corrupción y la delincuencia.

Cabe entonces preguntarnos si se equivocaron las encuestas, o fue la trama delincuencial desencadenada con el Lava Jato lo que arrinconó a las expectativas populistas de recuperar el poder y hasta hizo perder la memoria a un país que sufrió dos décadas de cruel dictadura militar.

Los uniformados no necesitaron de un golpe para recuperar el poder.