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Borron y cuenta nueva con Rusia

Las interrogantes sobre la relación de Occidente con Rusia se han visto sepultadas por noticias sobre piratería informática, escándalos sexuales y posibles chantajes, que han distraído la atención de la tarea de tender un puente sobre el abismo diplomático entre Rusia y Occidente. La Rusia antiliberal y autoritaria de hoy es producto de la corrosión de las relaciones con Occidente y de la historia rusa o de la amenaza de desintegración que Rusia enfrentó en la década de 1990. Esta corrosión tiene sus raíces en la percepción, sostenida por una gran dosis de paranoia y una mala interpretación de la historia poscomunista, de que Occidente -y EE. UU. en especial- tiene planes agresivos para este país; pero la decrepitud de la Unión Soviética había llegado a un nivel tan alto que no pudo mantener las ganancias territoriales posteriores a la II Guerra Mundial ni sus fronteras anteriores a la guerra. Los pueblos de Europa del Este y aquellos absorbidos por la URSS, estuvieron encantados de quedar libres del control del Kremlin. Pero, como señala el director del Centro Carnegie en Moscú, Dmitri Trenin: Robert Gates, quien encabezó la CIA a principios de la década de 1990, reconoció más tarde que Occidente, y sobre todo EE. UU., “subestimaron gravemente la magnitud de la humillación que sintió Rusia al perder la Guerra Fría”. El espectáculo que se vivió cuando “funcionarios del gobierno estadounidense, académicos, hombres de negocios y políticos” arrogantemente “decían a los rusos cómo conducir sus asuntos [...]” inevitablemente “condujo a amargura y resentimiento profundos y de largo plazo”. En este contexto, la ampliación de la OTAN entre 1999 y 2004 para incluir a los Estados bálticos fue, en mi opinión, un grave error. Pero el golpe de gracia contra Rusia ocurrió en la cumbre de la OTAN en Bucarest en 2008: el entonces secretario general de la Alianza, Jaap de Hoop Scheffer, dijo que se aceptaría a Ucrania como miembro “algún día”. Si bien los líderes de la OTAN rechazaron la posición de Scheffer en esa misma cumbre, muchos rusos llegaron a creer que dondequiera que el poder de Rusia retrocedía, se lo sustituía por el poder expansivo de Occidente, sin que existan áreas territoriales intermedias o de amortiguamiento. Putin calificó la membresía de Ucrania en la OTAN como “una amenaza directa” contra Rusia. Si bien Rusia y Occidente afirman defender un orden internacional basado en reglas, ambos han burlado la Carta de las Naciones Unidas cuando así les conviene, acusando a la otra parte de hipocresía. La falencia fundamental rusa en el período posterior a la Unión Soviética ha sido su fracaso en la modernización de su economía: no ha podido superar la “maldición del petróleo. La administración Trump está preparada para realizar nuevos esfuerzos por construir puentes y propone una “negociación” para levantar las sanciones occidentales contra Rusia a cambio de una reducción acordada de los arsenales nucleares. Este sería un buen comienzo para aumentar la confianza. Ya Rusia ha mostrado que puede trabajar con EE. UU. para promover intereses comunes. Siempre que Occidente trate a Rusia y a sus preocupaciones con respeto, no habrá razón para que no se pueda establecer una mejor relación de trabajo.
Project Syndicate