Y los bonos humo

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Y los bonos humo

Entre la inveterada amnesia colectiva y el humo de nuevas emisiones de bonos, medidas económicas, arroces verdes y un largo etcétera en el que vive distraído el paisito, la CFN cree que va a quedar escondido en el cajón del olvido su inadmisible silencio en torno al atraco hecho a su hija, Seguros Sucre, con la complicidad de su otra hija, la Casa de Valores Valpacífico, por el cual se le robaron más de 6 millones de dólares, destinados a la compra de (desaparecidos) bonos del Estado.

Semejante desfalco va a cumplir cinco años ya, y más de dos meses de que se conoció públicamente por publicación hecha por este diario, sin que hasta la fecha la CFN -en cuyo balance tiene que terminar registrándose la pérdida- se haya dignado abrir la boca.

El señor Jácome, su gerente, al menos que se sepa mira a otro lado. Hay que escalar entonces al Banco Central, dueño a su vez de la CFN por la mañosa “dación en pago” con que le fue enchufada al final del correísmo. ¿Tiene algo que decir la señora Artola? ¿Ha pedido cuentas de esto a la CFN?

En todo caso, este tema no puede quedar impune. Hasta ahora nadie ha querido apretar las clavijas a la casa de valores panameña Westwood Capital Markets, ni a sus dueños, por haber “vendido” a su buena ventura los bonos humo cuando ya no podía disponer de estos, pues antes ya había cedido sus derechos (según relata Sucre en la demanda civil que tiene presentada contra Valpacífico), en obvia estafa resultante de hacer creer que se “vendía” lo que no tenía.

Pero esa demanda civil no va a resolver el asunto de fondo. No solo porque en ese proceso ni siquiera se ha convocado aún a la primera audiencia, sino porque gane Sucre, gane Valpacífico, igual la pérdida se parquea en el Estado. Hay que ir entonces a lo penal. La Fiscalía tiene que intervenir, y muy bien puede hacerlo de oficio, sin esperar denuncia -que por lo visto ni la CFN ni el Central van a presentar- pues se trata de un millonario perjuicio a fondos que en definitiva eran del Estado.

Enrique Ramos, gerente de Valpacífico en la época del negocito, debe cantar.