El BID y yo (1)

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El BID y yo (1)

Corría el año 1999, múltiples factores nos llevaron a la caída del sistema financiero. Los que sólidamente sobrevivimos tuvimos que adaptarnos a una megacrisis y luego a la dolarización anunciada por Mahuad el 9 de enero del 2000. Doce días más tarde, el 21, se da el golpe militar, después de un levantamiento de la Conaie y el apoyo del coronel Lucio Gutiérrez. Amaneció el 22 de enero y el presidente Gustavo Noboa Bejarano, asumía la presidencia del país.

Recuento ese momento, ya que desde 1996, gracias a la invitación de los señores Laniado, había asumido la dirección ejecutiva de la Fundación Huancavilca, la cual operaba desde un centro de desarrollo en el corazón del Guasmo.

Con programas maravillosos, como bajar el precio de la canasta familiar a través de un programa de apoyo a tenderos financiado por la Unión Europea y por un grupo de empresarios con responsabilidad social, como el programa de estimulación temprana y nutrición infantil, y la escuela de deporte, apareció por primera vez el BID, en ese entonces representado en el Ecuador por la Dra. Dora Currea.

Evelina de Fougeres, entonces presidenta de la Orquesta Sinfónica, amiga querida y siempre extrañada, me había visitado en la fundación y al ver que los chicos jugaban fútbol, me cuestionó: ¿Oye Lourdes, y que tal si Dios ha puesto talento musical a estos chicos al igual que puso talento para la pelota? Pues fuimos al BID, y gracias a la apertura de Dorita nació la Orquesta Sinfónica del Guasmo que la semana pasada fue seleccionada por el Instituto de Fomento de Artes como la cuarta mejor iniciativa. Así nos convertimos en aliados del BID, montamos el Centro de Desarrollo Empresarial, que comenzó como una bolsa de empleo que acercaba al guasmeño a las empresas y cuando la crisis cerraba las puertas migró a ser un programa de autoempleo y microempresa; este proyecto fue premiado por el BID en Argentina. Gracias al profesionalismo de Cecilia Palacio.

Se avecinan reformas fiscales, tributarias, políticas y laborales. ¡Qué bueno que el BID está a nuestro lado!