Basta de tanta desvergUenza

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Basta de tanta desvergUenza

La imagen del Ecuador dentro y fuera de sus fronteras es impresentable: un expresidente prófugo de la justicia, un exvicepresidente y varios exministros de Estado presos y prófugos, un excontralor condenado y prófugo, altos funcionarios igualmente “por los techos”, huyendo de la justicia luego de quitarse los grilletes que les pusieron para evitar que se fugaran; y se fugaron... Una vicepresidenta a la que el presidente de la República relevó de sus funciones “para que se defienda ante la ley” de las imputaciones que se le formulan por recibir en su cuenta corriente personal “diezmos y primicias” de sus asesores para que no los bote de la “pega”, y que, finalmente, presionada por la opinión nacional presentó su renuncia ante el presidente de la República, cuando debió hacerlo ante la Asamblea Nacional, que fue quien la designó.

Esta renuncia fue puesta a consideración de la Asamblea por el presidente Moreno, quien la acompañó, de acuerdo con la Constitución de la República, con una terna de la cual el poder Legislativo deberá escoger a la persona que suceda a la vicepresidenta renunciante. ¡En 18 meses el Ecuador tiene tres vicepresidentes! Parece mentira pero es verdad.

Frente a esta grave situación que pone al país en ridículo ante la mirada del mundo, se hace indispensable que el hombre o mujer que vaya a ejercer la vicepresidencia de la República sea una persona que además de su capacidad, de su probidad, de su solvencia moral y profesional, tenga claro el concepto de que no debe aspirar por ahora a otra cosa que no sea cumplir con las funciones que le encargue el presidente de la República y que no piense en ser, como dijo Velasco Ibarra, “un conspirador a sueldo”. Que sea una persona que ponga su mirada bien adelante, unos 10 o 20 años más allá de esta fecha, para que ayude al país a encontrar la ruta que lo saque de la postración ética y económica en la que vive.

Finalmente, quien salga elegido para esta dignidad debe recordar lo que le decían al emperador romano cuando lo iban a coronar como tal: “no te olvides que la gloria es transitoria”.