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El balance 2018

Han transcurrido 20 meses de mandato, desde que el régimen “rupturista en la continuidad” de Moreno se inició. Pero sigue repitiendo el discurso de los graves errores de gestión del gobierno anterior, como los asaltos cometidos, léase corrupción, por el caudillo y su pandilla. Sin embargo, Moreno preside pero ni gobierna ni manda, sino que ha delegado, principalmente, la política económica a sus nuevos aliados, los empresarios (Richard Martínez y gremios) y consejeros, llámense estos Jurado o Cuesta. Durante 2017 el gobierno Moreno solo se ha encargado, personalmente, de diferenciar políticamente su administración del anterior gobierno sobre todo en lo relacionado al autoritarismo, a la corrupción, al respeto a las otras funciones del Estado y a la persecución de opositores y críticos por la judicialización de la política. Todo esto hay que aplaudirlo y apoyarlo para que continúe su reinstitucionalización. A la democracia liberal se la debe apuntalar y profundizar con más democracia y respeto efectivo a los derechos humanos, y no de manera retórica, como hizo el caudillo en su década. En el tiempo en el poder, el gobierno Moreno ha tenido 3 vicepresidentes, 3 paquetes de medidas económicas que no convencen a nadie, ni siquiera a la ultraderecha bancaria, y 3 “ensayos” de cambio de (re)organización de la función Ejecutiva, de ministerios coordinadores a gabinetes sectoriales. Este 2018 que concluye, se promulgó la Ley de Fomento Productivo con consulta a todos los gremios empresariales del país, discriminando al resto de actores de la economía nacional, y aún así no se sienten satisfechos con las propuestas o por vacíos existentes y peor con su reglamento. Parece que se han vuelto maximalistas y devotos de la perfección legal, después de una década de ausencia del poder pero no de los negocios y beneficios. Finalmente, hay que reconocer la difícil situación fiscal y económica heredada del correísmo, pero ya es hora de pensar creativamente, rompiendo el esquema de endeudamiento externo para dar un maquillaje de crecimiento, según el caudillo, o el esquema de medidas neoliberales como las impulsadas por los empresarios.