Austria y el complot contra Europa
Hace tiempo que las elecciones para el Parlamento Europeo se ven en Europa como el mayor duelo hasta la fecha entre el populismo y los partidos democráticos europeos establecidos. La caída del gobierno austríaco puso de manifiesto la magnitud de lo que está en juego. Pero, ¿el alcance y la escala de la corrupción política, moral y material de los partidos europeos de ultraderecha (según se reveló en Austria) se habrán descubierto a tiempo? Austria tuvo desde 2017 un gobierno de coalición formado por el Partido Popular Austríaco (apodado la lista de Sebastián Kurz, en referencia al líder del partido y actual canciller) y el Partido de la Libertad (FPÖ), fundado por exoficiales de las SS en los años cincuenta. La publicación de un video por dos de los diarios más importantes de Alemania, Der Spiegel y el Süddeutsche Zeitung, provocó la fractura de la coalición y la convocatoria a una nueva elección en septiembre. El video mostraba a un decadente vicecanciller Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ, bebiendo alcohol y prometiendo contratos públicos a una mujer que dijo ser sobrina de un oligarca ruso. El trato era que la mujer comprara el diario más popular de Austria y lo pasara al bando del FPÖ, a cambio, Strache le conseguiría contratos con sobreprecio para construcción de rutas en Austria. El objetivo real era repetir en Austria lo que hizo el primer ministro Viktor Orbán en Hungría: subordinar los medios a su partido. Kurz entregó el control de los ministerios de Defensa e Interior al FPÖ al formar su coalición, testimonio de lo imprudentes que han sido muchos líderes europeos ante la creciente evidencia de que los populistas de ultraderecha europeos obedecen al presidente ruso Vladimir Putin. Cuando Kurz cerró su acuerdo con el FPÖ, ya eran bien conocidas las actividades prorrusas de este partido y los vínculos entre Strache y el extremista movimiento identitario. Desde entonces, los organismos de inteligencia de otros Estados de la UE evitan compartir información con los austríacos, por temor a que cualquier cosa que les den caiga en manos del Kremlin. Algo similar se ha dado respecto de Italia, por a la presencia en el poder de la ultraderechista Liga del vice primer ministro Matteo Salvini. principal adalid de Putin en Europa. Y hace mucho que los europeos saben que el partido ultraderechista de Marine Le Pen (rebautizado en 2018 Agrupación Nacional, en un intento de ocultar parte de su pasado) recibió un préstamo de un banco ruso con vínculos estatales. En tanto, investigadores británicos examinan la posibilidad de que Rusia haya usado su dinero para alentar la campaña pro-brexit. Putin quiere dividir a los europeos, que la UE se fragmente; quiere sembrar dudas sobre la legitimidad de las fuentes de noticias tradicionales: los medios pro-brexit promueven sistemáticamente mentiras como verdades y acusan a publicaciones prestigiosas como el Financial Times de ser enemigos del pueblo, elitistas. La crisis en Austria es un llamado de atención para la dirigencia y la ciudadanía europea. La corrupción de los populistas y su subordinación a Rusia están a la vista de todos. En la elección para el Parlamento Europeo, los votantes tienen la oportunidad de demostrar que desenmascararon este complot contra sus países y contra la UE, y de hacer retroceder a la quinta columna populista donde importa: en las urnas.