Austeridad
Austeridad es la palabra de moda ahora que no hay plata. No es de aplaudirlo porque cuando la plata falta la austeridad es inevitable, es una fatalidad.
Pero esto que parece pura buena noticia tiene que ser visto más de cerca.
La austeridad que vivimos implica venta de activos públicos improductivos o subexplotados. Bien. Implica recortes de sueldos y salarios, primero para los cargos altos, hasta permitir que nuevamente el sector privado le compita en contratación a un Estado que se había convertido en la aspiradora del talento joven por los sueldos que empezó a ofrecer. Bien. Implica dejar de contratar consultoría, que suele ser uno de los sectores donde se concentra el conocimiento y por ende la innovación y desarrollo. Chuta. Implica recortes en gastos de comunicación como planillas de celulares. Bien. Implica recortes en gastos de traslado como ‘tickets’ de avión o limitaciones al arte de ‘viaticar’. Parece bien. Implica, finalmente, restringir bonificaciones de reubicación del personal que debe cambiar de domicilio. Luce bien a primera vista.
Pero si no se compensa adecuadamente a quienes deben reubicarse, se está incentivando que todos los cargos y responsabilidades públicas terminen en manos de quiteños y de personas que pueden financiar ese sobrecosto.
Si quienes tienen a su cargo los comités de contratación que adjudican cientos de millones de dólares están sufriendo en sus finanzas por la austeridad, ¿no están siendo invitados implícitamente a redondear por su cuenta el presupuesto mensual? Lo mismo pasa con quienes tienen funciones de regulación que pueden apretar o flexibilizar a poderosos interesados.
Por supuesto que hay excepciones y que está bien que sigamos idealizando al funcionario público y al político como pulcros y ‘sanitarizados’ personajes que solo existen en los libros de escuela y en las consignas patrioteras de otrora. Pero si somos solo un poco realistas, tenemos que reconocer que forzados por la coyuntura, debemos hacer una revisión y pensar bien en cómo evitar la corrupción en tiempos de austeridad.