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El asesinato de una nina sigue en el limbo

¿Quién la mató?, ¿por qué lo hizo? Son las preguntas que se hacen desde hace 19 meses los vecinos de la cooperativa 5 de Diciembre, una comunidad de Pascuales ubicada al oeste de Guayaquil, al recordar el asesinato de la pequeña Disleidy, de tan solo 7

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¿Quién la mató?, ¿por qué lo hizo? Son las preguntas que se hacen desde hace 19 meses los vecinos de la cooperativa 5 de Diciembre, una comunidad de Pascuales ubicada al oeste de Guayaquil, al recordar el asesinato de la pequeña Disleidy, de tan solo 7 años.

Las interrogantes quedan en el aire, así como parece haberse quedado la investigación que continuó para dar con el responsable de aquel hecho, registrado el 2 de octubre de 2015.

Don ‘Jaime’ aún recuerda a la pequeña, así como doña ‘Bertha’, quienes prefirieron no dar sus nombres. Ambos residen a pocas casas de donde vivía Disleidy con su madre, padrastro, tío y abuela; y de la vivienda donde encontraron su cuerpo desnudo, dentro de un saco y con claras muestras de haber sido violentada sexualmente. Exactamente, a tres casas de donde vivía con su familia.

“Ella pasaba por aquí... siempre la mandaban a comprar a la tienda. Pasaba a la carrera”, recuerda don ‘Jaime’. Pero la noche del 1 de octubre en que desapareció la pequeña no la vio. Llegó alrededor de las ocho y se fue directamente a dormir. “Cuando me desperté, en la mañana siguiente, ya vi a la policía que habían levantado el cadáver de ella”.

Tras el crimen, los familiares de la pequeña fueron detenidos y procesados por el hecho. Las sospechas apuntaban especialmente al padrastro. Un papel higiénico y tres cigarrillos llevaría a los agentes de la Dinased a pensar que la menor, efectivamente había regresado a casa. La noche de su desaparición, la abuela le había dado un dólar para que vaya a la tienda, ubicada a unas siete casas de donde alquilaban, y le compre el ph y los cigarros.

Unas supuestas máculas de sangre encontradas dentro de la vivienda también hacían creer que era la escena del delito. No obstante, tras casi seis meses de encierro, todos fueron absueltos. La Fiscalía no determinó la responsabilidad de los parientes en el crimen. Luego de la desaparición, tanto la madre como la abuela y el tío salieron a buscar a la pequeña. Tras una infructuosa búsqueda decidieron regresar a casa donde había quedado el padrastro, con dolor de estómago. En el camino, la abuela decidió hacer un alto para adquirir el papel higiénico y los cigarrillos que le mandó a comprar a su nieta. Las supuestas máculas eran de un animal.

Si bien los vecinos de la 5 de Diciembre observaron con cautela la libertad y el cambio de casa de la familia de Disleidy, quedó en ellos la gran incógnita de saber ¿quién mató a la niña?

“El asesino anda suelto y quién será”, se preguntó doña Bertha. Desde entonces, lo único que pudo hacer es tener mayor cuidado con sus nietos. “Ya no los dejo salir en las noches”.

Igual precaución tomó Anabel Canales con sus hijos. Ella vive a pocos metros del árbol de mangos que impidió observar con claridad el destino final que tuvo la pequeña.

Recuerda que, cuando la policía revisó el vídeo de la cámara de seguridad pública que existe en el sector, se observó que la niña efectivamente compró en la tienda de la esquina y luego retomó el camino a casa. Sin embargo, la copa del árbol impidió ver quién la interceptó en segundos, por aquella polvorienta calle de ida y vuelta, con un tránsito encendido en el día y medio apagado en la noche.

Alrededor de las seis y media de la mañana de ese 2 de octubre, Disleidy apareció pero en un saco. Su cuerpo estaba bañado. Según la autopsia, la menor fue violada reiteradamente y murió por asfixia. Tras eso, el árbol de mango fue podado.

La investigación ha estado en manos de tres fiscales de Violencia de Género de Guayaquil. El fiscal Rómulo Sevilla tiene los 17 cuerpos del expediente sobre su escritorio, a la espera de alguna pista que pueda encontrar el agente de la Dinased a cargo de las indagaciones, que conduzcan al posible autor del crimen.

La defensa

“Se perdió un valioso tiempo”

Para el abogado Gabriel Jácome Espín, defensor de los familiares de la niña, las autoridades perdieron un “tiempo muy valioso” para investigar y dar con el responsable del execrable delito.

“Se pidió que se realice una investigación profunda. Las pruebas de ADN salieron negativas, las supuestas máculas eran de un perro y de la madre de la menor...”, señala al referirse a los elementos que supuestamente señalaban a sus clientes.

Jácome lamenta que una ‘ignorancia’ por parte de la abuela, de enviar a esa hora a comprar a una menor, la llevara a ese destino.

Aunque no conoció de alguna amenaza a sus clientes, por las características del crimen, cree que el hecho pudo ser producto de una supuesta venganza o retaliación. “Desde mi punto de vista esto fue muy calculado, no fue improvisado”, dice.

Seis meses después de salir absueltos del crimen, el tío de la menor (uno de los procesados) fue asesinado.

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