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Un amor que finaliza en crimen y suicidio

Durante la audiencia, el acusado pidió perdón por haber dejado a sus dos hijos huérfanos; pero, a la vez, dejó en evidencia su deseo de terminar con su vida.

Escena. Uno de los últimos casos se registró en Durán, donde un hombre se suicidó tras matar a su esposa.

Durante la audiencia, el acusado pidió perdón por haber dejado a sus dos hijos huérfanos; pero, a la vez, dejó en evidencia su deseo de terminar con su vida.

¿Qué hizo que José Mina Porozo pensara en la muerte? Su historia se remonta al 21 de octubre de 2014 cuando detuvo el vehículo en que se trasladaba su conviviente María Charcopa, por la vía Perimetral de Guayaquil. Sin mayor reparo, se embarcó en el taxi y le propinó varias puñaladas a la mujer, delante de sus hijos. En marzo de 2015, el hombre fue sentenciado a 26 años de cárcel, por el delito de femicidio. Dos meses después de recibir la condena, Mina se suicidó.

Como José, algunos casos de femicidio registrados en los últimos meses han terminado en un intento de suicidio o suicidio del agresor.

Uno de los últimos hechos fue el de Javier Bajaña, el pasado 14 de septiembre, en Durán. El hombre se cortó la frente y el cuello luego de propinarle a su esposa Lucy Purcachi, más de diez puñaladas en diferentes partes del cuerpo, delante de su hijo de 8 años.

Aunque no hay estadísticas oficiales de cuántos hombres optan por ese camino al ver el resultado de sus emociones violentas, expertos resaltan que hay muchos casos que no necesariamente terminan en muerte.

Entre enero y septiembre (hasta el 15) de 2016, la Policía registró 61 casos de femicidio a escala nacional, frente a los 54 registrados en el mismo periodo de 2015. Mientras, la Fiscalía del Guayas recibió 23 denuncias por femicidio, entre enero y agosto de este año.

Pero, ¿por qué ellos deciden autoeliminarse?

El psicólogo Jorge Luis Escobar, experto en terapias de pareja, explica que -como normativa social- el agresor no está consciente en muchos de los casos de que está agrediendo, sino que está ‘educando’.

“Muchos padres golpean a sus hijos en nombre de la educación; muchos maridos, entre comillas, agreden a sus parejas para que tomen conciencia y despierten al aparente amor que les están brindando...”, ejemplariza el experto.

La construcción de la violencia como modelo social hace que las relaciones de pareja, donde hay esa ambivalencia amor-odio, lleva a ciertos individuos a despertar a la realidad de que han agredido al ser amado; y encuentran una especie de ‘chuchaqui moral’, dice el psicólogo.

“Al ver a la persona que dicen amar agredida por ellos mismos tienen que también sancionar al agresor y una de las formas podría ser autoeliminándose”.

Es una violencia como forma negativa que está girando alrededor de las relaciones familiares y de pareja, señala Escobar al determinar que es el hombre -por la característica social aprendida- el que aprende métodos más violentos y más duros.

Hay “muchos casos que se están dando en este tipo de situaciones. Toman esa decisión (a) llevar consigo esa culpa”, opina el fiscal César Peña, quien llevó el caso de Mina, que se constituyó en el primer femicidio judicializado tras la vigencia del Código Orgánico Integral Penal (COIP).

Y con la muerte del hombre o del victimario se extingue también la pena, salvo que existan dudas en el suicidio lo que podría derivar en una investigación para esclarecer el caso.