El alto costo de la impunidad (2)

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El alto costo de la impunidad (2)

En un país como el descrito en el anterior cañonazo, ¿se animará alguien a realizar inversiones? Ni los ecuatorianos que tienen afuera del país algo de su fortuna se atreven a repatriarla, pese a esta o aquella oferta de beneficios. Peor lo hará un extranjero, ofrézcasele lo que se le ofrezca.

¿Para qué va a invertir en un país un hombre de negocios sin otro interés que la seguridad de sus inversiones, si luego tiene que pagar por la salida de sus dólares?

¿Y en qué línea de producción va a poner sus dólares o sus euros o sus yuanes? Probablemente en una de alta tecnología, de esas que no son intensivas en mano de obra y por tanto su inversión no será generadora de muchos nuevos empleos.

¿Contará, a propósito de lo señalado, con recursos humanos calificados o los traerá de otros países?

Lo que quiero significar es sin garantías de respeto a la ley, con predominio de la impunidad, tampoco es posible aspirar a la tan requerida inversión extranjera.

¿Y entonces? ¿Cómo enjugamos el enorme déficit fiscal?

Es obligatorio recuperar para el Ecuador la condición de una república donde se respeta la ley y donde esta no sufre modificaciones en función de pillerías privadas o públicas, esto es: brindar la imagen de ser un país serio, generador de confianza, uno, en medio de muchos, que aprovechando sus ventajas comparativas y competitivas haga deseable traer capitales.

Por supuesto, antes, tenemos que tener definido aunque sea el diseño del tipo de república al que aspiramos llegar a ser.

Y ese diseño debe tener la aprobación de la mayoría. Para lograrlo tiene que creárselo entre todos, teniendo la responsabilidad y el patriotismo suficientes como para llegar a consensos, de modo que lo obtenido perdure en el tiempo y no se vuelva uno más de tantos buenos esfuerzos fallidos. Lamentablemente, las alternativas para superar la actual situación no son muchas pero, mantener en este período crítico la certeza de impunidad que ostentan los corruptos genera un alto costo que en ocasiones no acertamos a vislumbrar, pero que es una de las primeras cosas que debemos remediar: acabar con la impunidad.