Ahi viene el cuco

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Ahi viene el cuco

En las semanas pasadas me he acordado del cuento del cuco que a todos nos han contado de niños. Esa historia sonsa que nos asusta de pequeños para que hagamos esto o lo de acá. Para que nos comamos la sopa, para que nos lavemos los dientes, para que en fin, se haga la voluntad del que con una historia pretende coercionar. Nos dicen que no se puede esto, que no se puede lo otro, que solo se puede lo de acá. Con el cuco de los logros de la década ganada, de la revolución, con la imagen de la mesa servida, por un lado, pero también con las memorias del feriado bancario, de la recesión del Estado de bienestar. A cada quién su cuco. Con el cuento del cuco ahora resulta que un movimiento político no puede ponerse de acuerdo y que se producen rompimientos, crisis, disidencias, escándalos, muecas y toda clase de adefesiosos símbolos de telenovela que de nada sirven al ciudadano de a pie. Con el cuento del cuco se boicotean negociaciones legislativas, porque lamentablemente los cucos no hablan entre ellos. No existen, no resuelven, no deciden, no se hacen responsables. Salir de la escuálida situación de dependencia económica en la que estamos sumidos respecto a la deuda y al mercado internacional (y escuchamos sobre soberanía durante una década...) requiere denunciar esas cantaletas y apuntar para adelante, con un liderazgo que aglutine bajo una imagen positiva del futuro y no bajo las tinieblas terroríficas del cuco. Por eso insisto a los adultos que leen columnas de opinión: el cuco no existe. El cuco es una historia, una imagen, un símbolo. No lo pudo decir mejor el famoso historiador -marxista- Eric Hobsbawm: la madurez consiste en la capacidad para resistir a los símbolos, pero la humanidad parece ser cada vez menos madura. Como ya estamos grandecitos resistamos y denunciemos cada vez que nos quieran interponer al cuco en nuestro camino. Expongamos este estratagema de quien adolece de optimismo y de soluciones. Demostremos la inutilidad de incansables debates y peroratas, para no llegar a guerras sectarias. Hoy necesitamos acuerdos y decisiones. No más cuco.