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La agonia venezolana

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en estos largos días trágicos que vive Venezuela, insistentemente se vienen a la mente los últimos meses de derrumbe del III Reich alemán, cuando Hitler mandaba a morir con absoluta falta de escrúpulos a adolescentes y a viejos contra los tanques soviéticos que se lanzaban contra Berlín, proclamando la invencibilidad del imperio por él creado y engañando con la promesa de nuevas armas milagrosas que aplastarían a los aliados.

Nada de eso ocurrió y Berlín fue destrozado, igual que Alemania mientras, engañadas, millones de personas pagaron con su vida su confianza en la palabra del gran Conductor.

Ninguna de las iniciativas del Gobierno de Maduro logra paliar la debacle del país. El problema que destruye a los habitantes de Venezuela no es la caída de los precios del petróleo. Es la incapacidad de gestión, la cerrazón ideológica, el fracaso del modelo político y económico de gobierno. La última decisión, acortar la semana laboral de los funcionarios a dos días y un apagón diario de cuatro horas, es una muestra más de la incapacidad de manejar una crisis, salvo para recurrir a medidas que la empeoran.

¿Cómo es posible que un régimen que por principio se declaró solidario con sus ciudadanos y en general con los seres humanos, que habló de traer libertad y una nueva forma de vivir haya degenerado en lo que es ahora, una máquina de destrucción que se niega a reconocer sus perversos efectos?

En su columna del diario “El Nacional” de Caracas, “Venezuela trágica, Venezuela se muere”, Héctor Silva Michelena, conocido intelectual calificado de progresista en las décadas de los sesenta y setenta, hacía un recuento de la larga y dura agonía venezolana: “alimentos y medicinas muy escasos y caros, inflación desbocada, pobreza alta y creciente, tasa de homicidios récord, hampa impune y desbordada, corrupción administrativa sin parangón en nuestra historia, crisis eléctrica y de agua.”

Venezuela es hoy un espejo donde todos debemos mirarnos y ver el precio que se puede llegar a pagar por ideologías que se pretendieron liberadoras.

colaboradores@granasa.com.ec

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