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Agenda impostergable
Luego de la dosis de ‘Ubicatex’ que acaba de proporcionarnos el Uruguay, no cabe refugiarse en las esperanzas del futuro que, siendo válidas, no pueden dejarnos desamparados en el presente.
Lo ocurrido en el fútbol con relación a la Tri debe extenderse a todos los ámbitos del acontecer nacional: hay que proponerse salir del bache lo más pronto posible y poner todo esfuerzo en función de ese propósito. Actuar de otro modo acabaría hasta con las expectativas de un mejor porvenir.
Con ello por delante, bien vale frenar el activismo sin metas de los días que corren y ponerse a reflexionar sobre cuán necesario resulta revisar rumbo y redireccionarlo a la medida de las actuales circunstancias políticas, económicas y sociales.
Y no se trata de un esfuerzo que compete exclusivamente al Gobierno nacional y sus funciones. El esfuerzo que hay que cumplir tiene una magnitud que sobrepasa largamente las capacidades de cada una de ellas, incluidas las novelerías de la malhadada Constitución del 2008.
Tienen que hacer lo suyo el sector público y el privado. Las universidades y los medios de comunicación colectiva. Todos juntos en definitiva pero, el mayor impulso tiene que provenir de la función Ejecutiva, en aspectos tan simples y tan inexplicablemente demorados tal cual derogar la tristemente célebre tabla de las drogas destinadas al consumo personal.
Sin dejar de reconocer que las adicciones son un problema de salud, no cabe dar facilidades al microtráfico a partir de una medida que ha sido desbordada en beneficio de los delincuentes que se aprovechan de ella.
Por el estilo, en la Asamblea Nacional tienen que superarse las maniobras propias de una dañina politiquería, que impiden que el alto cuerpo legislativo logre su plena integración, mientras se abandona el trascendente rol fiscalizador o se lo convierte en una grotesca caricatura, tal cual acaba de ocurrir.
Ni hablar que en cuanto a la administración de justicia la deuda con la transparencia que la misma mantiene, le ha quitado el relativo prestigio de que otrora gozaba.
Sin una recta administración de justicia no hay país.