Adios al ocio improvisado en el canal de Monte Sinai

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Adios al ocio improvisado en el canal de Monte Sinai

Vendedores y bañistas fueron desalojados de una ‘piscina’ natural por seguridad e higiene. Los vecinos lamentan vivir en pobreza.

El canal. Es utilizado por los vecinos desde el 2010. Este se llena con las aguas lluvias que caen desde las colinas. Funciona solo en época invernal.

El panorama fue desolador. Primero fue el desalojo, luego, los reclamos. Ayer una cuadrilla de policías y delegados de al menos cinco instituciones públicas llegó al canal Tres Bocas en la cooperativa Voluntad de Dios, de Monte Sinaí, en el noroeste de Guayaquil, para sacar a los bañistas y vendedores informales que durante el invierno -por efecto de las lluvias- ocupan este espacio, donde se forma una piscina natural para recrearse.

Durante el operativo, que comenzó cerca de las 10:00 y fue realizado por “motivos de seguridad”, los agentes desmantelaron más de 20 puestos instalados, todos precarios; y con megáfono en mano instaron a los visitantes a salir del agua. Allí, los desocupantes protagonizaron algunos enfrentamientos al intentar resistirse, y más de uno lamentó el estado de pobreza en el que vive.

“Como no tenemos en qué caernos muertos, ni voz ante nadie, nos quitan todo, incluso la diversión”, aseguró Julio Sosa, quien reside en el sector hace 20 años y ha visitado el canal, la única fuente de entretenimiento actual, junto a su familia los últimos 7.

“Jamás nos ha pasado nada...”. En Monte Sinaí hasta hace dos años funcionó un complejo de piscinas que fue clausurado para construir un polideportivo, aún sin fecha de construcción.

“Sin esta poza ya no nos queda nada”, agregó Sandy Cujilema, moradora. La piscina más cercana está ubicada en un parque acuático de la vía a Daule, a 40 minutos de distancia en bus. “No tenemos dinero, medios para desplazarnos...”, lamentó, mientras ayudaba a su suegra -al igual que otros, la escena fue repetida- a desbaratar unas mesas, las sillas, el puesto de comida.

Pese a ello, precisó Ricardo Nicolalde, secretario técnico de Prevención de Asentamientos Humanos Irregulares, el desalojo era necesario. Y es que si bien en este canal nunca nadie se ha ahogado, en el de la Empresa Pública del Agua, conocido como el Canal de la Muerte, situado unos metros más adelante, solo en lo que va del año han fallecido dos personas.

“Uno queda muy cerca del otro y la gente se cruza sin temor ni consciencia. Hay riesgo entonces de muerte o de que la corriente traiga consigo palos que te golpeen”. Además, agregó Luis Ávila, jefe de Justicia y Vigilancia municipal, también presente, hay riesgos epidemiológicos. “Las ventas generan basura, residuos que afectan el entorno, a la gente o sedimentan el cauce”. No hay opción para la irregularidad, mencionó.

Desde ayer a fin de evitar los asentamientos, personal del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda custodia la zona con operativos. En los próximos días se procederá a vallar el área y rellenar los accesos con cascajo para dificultar el paso.

Aun así hay quienes prometen ir al lugar a escondidas. “Si el Municipio y el Gobierno jamás han atendido nuestras necesidades por no ponerse de acuerdo en quién ejecuta las obras, entonces por qué debemos hacerles caso. Hoy (ayer) hasta se juntaron para lastimarnos...”, voceó una de las afectadas una vez terminado el acto. “Si ellos no son honestos, yo tampoco lo seré”, declaró.