A donde vamos

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A donde vamos

Cuenta la leyenda campesina que dos vecinos que no estaban en su sano juicio se encontraron en el pueblo cercano. El uno preguntó al otro a dónde iba. A ninguna parte, le contestó. El otro también le preguntó: ¿y tú dónde vas? A ninguna parte, respondió. Ambos coincidentemente dijeron: vamos rápido para no atrasarnos. Se extraviaron en el camino al no tener ningún destino.

El anterior gobierno dejó al Ecuador radicalmente dividido entre partidarios a ultranza de su gestión y opositores en total desacuerdo con ella. Ambos sectores opuestos coinciden en convocar a consulta popular para reunir una nueva Asamblea Constituyente. Los que piensan que el ciudadano debe disponer directamente qué reformas o enmiendas constitucionales deben realizarse, esperan que el mandatario acierte en las propuestas, y sin prisa pero sin pausas, tome la decisión políticamente correcta.

Hay un escenario en que está retada la capacidad de diálogo y decisión del presidente, evitando que la Asamblea, la Corte Constitucional o el CNE obstaculicen la reforma, consulta o referéndum. Al definir claramente objetivos, sabremos a dónde vamos como país, qué modelo de gestión se implementará. Es ineludible fortalecer la democracia, instituir la honestidad, sin la cual nada tiene valor; establecer mecanismos confiables de designación de autoridades en organismos de control y administración de justicia, que garanticen el combate a la impunidad y que se sancione a los enriquecidos desenfrenada, inmoral e ilícitamente la década pasada. Si lo que se propone responde a las aspiraciones nacionales, quedará sin sustento la oposición de un grupo de Alianza PAIS, que arguye que la consulta no debe ser regresiva en derechos, cuando justamente se trata de recuperarlos.

“Avanzamos Patria” fue uno de los eslóganes propagandísticos del gobierno anterior. En el balance final, sin desconocer la obra pública realizada, existe un excesivo endeudamiento que pagarán los ecuatorianos con sacrificios, un costo de vida elevado (la inflación está frenada por el dólar), un crecido desempleo, muy escaso o nulo crecimiento económico, es decir crisis aguda.