70 anos

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70 anos

Felicidades a la República Popular China. Esta semana cumplió 70 años de dictadura. Si el Partido Comunista Chino se ha mantenido como la indiscutible autoridad es por la represión política y de libertades civiles, junto a una modernización económica (capitalismo de Estado) que le ha permitido competir entre potencias y ser “la potencia”. De ahí la guerra comercial librada por Trump contra el gigante asiático. Una cruzada por evitar que la competencia arrebate su lugar como número 1 en la plataforma mundial, aunque sea solo cuestión de tiempo y sus intentos no más que una forma de dilatar el proceso. La estrategia china no se resume en inversión en investigación y tecnología, tiene varios frentes. El primero: aparenta amistad. En 2006, Pekín prometió $200 millones a la Unión Africana para construir las oficinas de su sede. Completaron la estructura en 2012. Probablemente el edificio más moderno del continente. Todo fue fabricado a medida por los chinos. Incluido el sistema informático patrocinado por Huawei. Seis años después, el escándalo. Se descubre que durante todo este período, entre medianoche y las dos de la mañana, los datos de la Unión Africana habían sido transferidos a unos servidores en Shanghái. La lógica de China: información es poder. Posa como amigo, actúa como espía. Y si eso no funciona o no es suficiente para llevar la delantera internacional de “cuántos países están conmigo”, están los métodos más tradicionales, también aplicados. Estrategia #2: que se endeuden contigo. Financia lo que ningún otro gobierno o multilateral financiaría. En términos (a corto plazo) convenientes. Y después, cuando les es insostenible pagar, negocia. Y así pavimenta su camino de “gratitud” y dependencia. El contraargumento americano dirá: EE. UU. tiene cómo hacerle frente e incluso mejorar esas tácticas. Hay un aspecto que podría inclinar la balanza. EE. UU. es una democracia. Cada 4 u 8 años cambia de dirección. Y como vimos en esta última dirección, a veces, de forma radical. China lleva 70 años en la persecución de un objetivo. No hay vientos que cambien su rumbo. El dragón despertó. Y tiene fijo el rumbo.