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Un 5 de Junio diferente

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Luego de una década en que la ritualidad oficial y el Estado de propaganda del gobierno anterior impusieron su visión e interpretación del 5 de Junio de 1895, es necesario restituir la certeza de este evento en su magnitud, significado y efectos. Superado ese tiempo de distorsión y sesgo, es preciso reinstalar la objetividad histórica de la Revolución Liberal.

En 10 años de publicidad se presentó al líder de ese proceso transformador, Eloy Alfaro Delgado, como izquierdista y hasta socialista. Se ocultó y se negó su condición ideológica liberal. Se silenció su pertenencia al empresariado y al comercio de exportación. Se tergiversó y se mintió respecto a una de sus obras fundamentales: la construcción del ferrocarril. No se dijo que esta solo se concretó y ejecutó porque su gobierno se asoció a la inversión y al capital extranjeros. Caso contrario no se hubiera podido realizar.

Además se quiso establecer e instaurar una forma de culto religioso, dogmático y fundamentalista alrededor de las ideas y el accionar de este importante líder político del Ecuador republicano. En los textos que se distribuían desde el Ministerio de Educación se impuso a los estudiantes de escuelas y colegios esa visión distorsionada de la Revolución del 5 de Junio 1895 y del ideario de sus dirigentes.

Ha terminado el tiempo de tergiversación de ese acontecimiento. El Estado de propaganda ha cesado. Por eso es hora de que se vuelva a leer y a comprender este proceso histórico como lo que realmente fue: un hecho de gran significación para el cambio sociopolítico del país, y un evento en el que solo gracias a la unidad nacional y al respeto a las diferencias ideológicas, políticas, étnicas y culturales, sus líderes pudieron realizar una efectiva transformación hacia la modernidad, pues la Revolución transformó las estructuras socioeconómicas, políticas y educativas, lo cual constituía una necesidad urgente para el Ecuador de 1895.

Ante ello, no cabe seguir manipulando la historia con ideas y textos que no educan ni forman el civismo escolar, ni dan como resultado una ciudadanía activa, capacitada y mejor educada, capaz de comprender adecuadamente tal hecho histórico. Se requiere forjar una conciencia social moderna, crítica y propositiva.

Es de esperar que esos tiempos de imposición dogmática, sectarismo y falsedad ideológica, sean solo un mal recuerdo de momentos y acciones que se deben superar.

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