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2017, crisis planetaria

A 35 mil pies de altura ingresábamos al espacio aéreo europeo con la mente fija en cómo sería este encuentro entre su santidad el papa Francisco y cuatrocientos empresarios católicos del mundo, imaginando qué se propondría en este congreso que el Consejo Pontificio de Justicia y Paz y la Unión Internacional de Empresarios Católicos organizaba en el Vaticano, bajo el lema de Líderes empresariales como agentes de inclusión económica y social.

Viajamos parte de la directiva de la Asociación Cristiana de Empresarios (ACE-Uniapac), liderada por su presidente, Francisco Jarrín, acompañados por el amigo y guía de siempre, monseñor Valter Maggi, para asistir dos maravillosos días a actualizarnos en el ‘Estado del arte’, en cómo identificar nuevas formas de entender la economía y el progreso hacia un modelo de inclusión y equidad, en el cual ser empresarios sea una noble vocación dirigida a producir bienestar y a mejorar el mundo.

¡Qué oportuno! Valió la pena tanta ilusión cuando desde la sala del nuevo sínodo escuchábamos reconocer que tan fracasado es el capitalismo, como el socialismo y que se nos invitaba a participar en la promoción y construcción del Capitalismo 2.0, cuyo nuevo modelo debería asumir plenamente las consecuencias sociales y ambientales de su operación, donde el empresario debe ir más allá de priorizar la sola utilidad y la ambición de poder.

El punto máximo de nuestro viaje fue escuchar desde la sala Clementina al papa Francisco pidiéndonos preguntarnos ¿cómo nuestra actividad empresarial, producto o servicio, contribuye al bien común, convirtiendo al dinero en un servidor y no en un gobernante?

La hoja de ruta del Capitalismo 2.0 transita por recuperar el sentido social de la actividad privada, en usar la mejor inteligencia e inventiva de los empresarios, en eliminar la idolatría del mercado y la idolatría del Estado, en cerrar la puerta de un solo golpe a la corrupción, en ser subsidiario, solidario, inclusivo y estar alerta a las señales del abismo que es el 2017.

Recuerdo esa vieja canción que dice: “Estoy parado sobre la muralla que divide todo lo que fue de lo que será”. Ojalá.

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