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Diario Expreso Ecuador

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Laboratorio de Reciclaje en Quito: entre latas de atún, vidrio y aceite usado, una lección ambiental

En la Shyris se puede tomar un ‘tour verde’, explica Alexandra Bermúdez, directora del espacio que surgió hace cuatro años

El Laboratorio de Reciclaje está en los Shyris, norte de Quito. Es un espacio en donde ofrecen un 'tour verde'.

El Laboratorio de Reciclaje está en los Shyris, norte de Quito. Es un espacio en donde ofrecen un 'tour verde'.MATTHEW HERRERA/ EXPRESO

Rosero Mariela
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Lo que debes saber:

  • Laboratorio de Reciclaje en Quito enseña a separar residuos desde origen con recorridos diarios en avenida de los Shyris.
  • Alexandra Bermúdez impulsa educación ambiental desde hace 4 años para reducir basura y fomentar reciclaje en barrios, hogares y empresas.
  • En Quito, 60% de residuos es orgánico; laboratorio busca bajar desechos al relleno con hábitos y recicladores de base.

Niños y adultos se sorprenden cuando, en el Laboratorio de Reciclaje, en la avenida de los Shyris —entre Portugal y Holanda, norte de la capital—, les proponen una actividad divertida: “pescar” latas de atún. Buena parte de ellos cree que ese tipo de envases no se aprovecha. 

La clave, explica Alexandra Bermúdez, directora del espacio, es sencilla: deben estar limpios y secos, con la tapa colocada hacia adentro para evitar cortes.

El laboratorio nació hace cuatro años (2022) con el objetivo de enseñar que los residuos pueden transformarse si se separan desde el origen. De lunes a viernes, de 09:00 a 17:00, y los sábados hasta las 14:00, ofrecen un recorrido guiado que dura una hora y media. Allí explican qué ocurre con materiales como vidrio, aceite de cocina usado o llantas, y cómo reducir la generación de desechos.

Además de los visitantes en sitio, el equipo trabaja con barrios, empresas y hogares. Los domingos realizan capacitaciones comunitarias para grupos de entre 50 o más personas. Han estado en sectores como la González Suárez, Las Casas, Francisco Yánez, Oyambaro, Santa Ana Alta y el barrio Velasco, entre otros. Lo han hecho junto a la organización Guardianes de Semillas.

El quiteño no sabe qué hacer con su basura

“En realidad, hay mucho desconocimiento”, dice Bermúdez. Durante los recorridos, los visitantes descubren que no solo las botellas de plástico se reciclan, sino también otros materiales que antes terminaban en la basura. 

“La responsabilidad es aprender cómo se gestiona cada residuo”. Recomienda, por ejemplo, colocar los vidrios rotos en cajas o contenedores para evitar accidentes.

El laboratorio también acumula anécdotas. Algunas personas dejan residuos en la puerta sin consultar si pueden ser recibidos; otras los entregan sucios, lo que impide su reciclaje. 

Aun así, el espacio sí funciona como un punto de acopio que articula con los llamados recicladores de base. Son personas que deben buscar en los contenedores. Cada semana, asociaciones como Eugenio Espejo —integrada por 11 recicladores— clasifican el material y lo preparan para su retiro y posterior transformación, detalla Alexandra.

Que la gente sepa dónde dejar residuos

En Quito, la gestión de residuos avanza de forma gradual. Existen experiencias de recolección diferenciada en algunos barrios, pero el reto sigue siendo masificar el hábito, según analizan desde el Laboratorio de Reciclaje. 

Lo importante es que la gente sepa dónde dejar sus residuos o que los entregue a un reciclador de base. No es necesario que estén perfectamente separados, pero sí limpios y secos, sin mezclarse con orgánicos”, explica Alexandra Bermúdez.

La mayor parte de los desechos domésticos es orgánica —alrededor del 60%—, mientras que el reciclable representa cerca del 20%. El resto no se puede recuperar. Para Bermúdez, la meta es reducir al mínimo lo que llega al relleno sanitario. 

“Todo depende de los hábitos ciudadanos, pero también de la política pública”. En otros países, apunta, existen sistemas, que incluyen sistemas de pago según la cantidad de basura generada o inclusive sanciones por no separar.

La experiencia del Laboratorio de Reciclaje

El laboratorio surgió gracias a la iniciativa de la activista ambiental Carolina Saa, quien impulsó la idea de un espacio dedicado a la educación en reciclaje. Con el apoyo de una constructora —que les facilita el lugar—, se consolidó este proyecto que hoy articula a empresas dedicadas a la transformación de residuos.

Parte del trabajo consiste en mostrar en qué se convierten los materiales reciclados. 

  • Del Tetrapak pueden surgir desde cuadernos hasta mobiliario o techos térmicos.
  • El vidrio puede transformarse en lámparas o macetas. “Un kilo de botellas puede pagarse a pocos centavos, pero si se convierte en un producto, su valor cambia por completo”, señala Bermúdez.
  • El reciclaje, reitera, requiere educación y articulación. El laboratorio recibe materiales, los entrega a recicladores y estos, a su vez, los canalizan hacia empresas que procesan grandes cantidades.

El desconocimiento es amplio: ¿qué hacer con medicinas caducadas?

Alexandra Bermúdez dirige el Laboratorio de Reciclaje, cree que hace falta educar sobre separación de desechos y multar también en Quito.

Alexandra Bermúdez dirige el Laboratorio de Reciclaje, cree que hace falta educar sobre separación de desechos y multar también en Quito.MATTHEW HERRERA/ EXPRESO

Sin embargo, el desconocimiento sigue siendo amplio, incluso entre profesionales del área ambiental o médicos. Así, les dijeron que las pastillas caducadas o el aceite, luego de freír empanadas, iban a parar a los desagües de sus casas. Eso sin tomar en cuenta la contaminación que producen.

Para cambiar esta realidad, insiste, la educación es clave. “Si se colocan contenedores sin enseñar cómo usarlos, la gente seguirá mezclando todo”. Menciona la experiencia de ciudades como Cuenca o Loja.

En Quito, algunos avances ya son visibles, considera. Menciona el ecocentro de Quitumbe, donde hay espacios comunitarios, huertos y composteras. En estos lugares, además de gestionar residuos, fomentan cohesión social y nuevas prácticas urbanas. “Son espacios que conectan con la salud mental, el entorno y la responsabilidad compartida”, dice.

Los vecinos del laboratorio han respondido de forma positiva. Muchos llevan sus residuos reciclables e incluso orgánicos para compostaje. La zona, además, recibe visitantes extranjeros que valoran encontrar un lugar donde pueden separar sus desechos, como lo harían en sus países de origen.

Después de enseñar a separar los desechos, el municipio debe multar, eso pasa en otros países.Alexandra Bermúdez/ Directora Laboratorio de Reciclaje

Se debe enseñar a los niños, para que incorporen el hábito y lo lleven a sus casas”, dice

En el laboratorio, la economía circular va más allá del reciclaje: proponen reducir, reutilizar y reparar para evitar generar residuos. Desde rechazar sorbetes hasta optar por envases retornables o arreglar objetos antes de reemplazarlos, cada decisión cuenta. “Reciclar es solo una parte; lo clave es cambiar hábitos desde el consumo”, resume Alexandra Bermúdez.

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