El tiempo
Jamás recibí de Expreso siquiera una sugerencia sobre qué escribir, aun cuando en varias columnas he discrepado de su línea editorial

Granasa publicará la última edición impresa de Diario Expreso el viernes 9 de octubre de 2026.
Cuando el gran Christopher Hitchens se enfrentaba a su etapa final de cáncer de esófago, respondió con un rotundo “al igual que tú” a una pregunta que comenzaba con la aseveración “Christopher, te estás muriendo”. No creo que pretendiera soltar una de sus famosas frases fulminantes con las que enfrentaba los debates, sino expresar una genuina aceptación de la realidad. Estamos muriendo. Todos lo estamos, aunque a veces ni siquiera seamos conscientes de los cambios sociales ni de las transformaciones internas.
Tenemos la suerte de vivir etapas en las que entendemos que hay un fin ineludible, pero sentimos que seremos la excepción. Nos negamos a mirar ese futuro a los ojos, como si el dolor de las articulaciones o el estirar el brazo para leer una etiqueta hubiese estado siempre allí. Ese anhelo de inmutabilidad también lo trasladamos al entorno, renegando cuando las calles dejan de parecerse a los recuerdos y los jóvenes nos clasifican en una categoría distinta a la suya. O cuando las rutinas que alguna vez copiamos a nuestros viejos se van volviendo imposibles, como tener un horario para escuchar noticias o leer el diario ante una taza de café.
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Lo que surgirá del caos
Tal vez por eso me ha quedado un vacío con el anuncio de venta de los activos de EXPRESO, medio del que jamás recibí siquiera una sugerencia sobre qué escribir, aun cuando en varias columnas he discrepado de su línea editorial y en la visión de las prioridades del país, por lo cual le estoy muy agradecido. Porque, más allá del fondo de la decisión, de las familias que lo han construido y las décadas de historia, es también un recordatorio de que el tiempo no es una línea recta sino un cúmulo de pedazos congelados que, cuando los miramos, dan la ingrata esperanza de que algún día podríamos volver a ellos.
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Y la vida sigue así, desordenando lo que parecía firme, para que de ese pequeño caos algo más pueda surgir. Parafraseando a Hitchens, la fiesta va a seguir sin nosotros y, aún con todas las pérdidas ya sufridas y las que nos esperan, no podemos llenarnos de ira porque, si hay algo verdaderamente terrible, es desperdiciar la vida.