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Diario Expreso Ecuador

El mejor postor

El camisetazo en la política y el periodismo de Ecuador refleja la falta de convicciones, debilitando la representación ciudadana y la confianza

Hemos normalizado el incumplimiento de las propuestas de campaña, por eso el camisetazo dejó de escandalizarnos. Pero el fenómeno no termina en la política: también se da en el periodismo.

Hemos normalizado el incumplimiento de las propuestas de campaña, por eso el camisetazo dejó de escandalizarnos. Pero el fenómeno no termina en la política: también se da en el periodismo.Canva

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El camisetazo es una práctica históricamente común en nuestra política. Tanto así que, según datos del Observatorio Legislativo de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo, en los últimos cuatro períodos legislativos se han registrado más de 129 casos de transfuguismo político. Esta tendencia evidencia que para muchos candidatos gobernar no consiste en defender una visión de país o ejecutar un proyecto ideológico de largo plazo, sino conservar gobernabilidad y sobre todo poder. El servicio público deja de entenderse como algo transitorio y se convierte en una carrera para eternizarse en posiciones políticas. Los partidos y la ideología se vuelven descartables cuando dejan de servir para ganar elecciones, conservar espacios o conseguir los votos necesarios para aprobar una ley. Poco importa si las nuevas alianzas contradicen la visión con la que ese político llegó al poder. El resultado es una profunda pérdida de representación. Un ciudadano que votó por una propuesta de izquierda puede terminar representado por alguien que legisla junto a la derecha. Y más allá de si una postura es mejor que la otra, existe una ruptura evidente entre lo ofrecido al elector y lo ejecutado desde el poder. Quizás lo más preocupante es que ya casi nadie se sorprende. Hemos normalizado tanto el incumplimiento de las propuestas de campaña que el camisetazo dejó de escandalizarnos.

Cambio de principios según la conveniencia

Pero el fenómeno no termina en la política. En Ecuador también existe el camisetazo periodístico. El salto de periodistas entre medios con líneas editoriales radicalmente opuestas expone la tensión real entre supervivencia profesional y coherencia. Cuando ese movimiento se ejecuta desde el cinismo, aparece la figura del micrófono de alquiler: hoy se condena lo que mañana se defiende, dependiendo de quién firma el cheque.

Cambiar de opinión no es el problema ni construir acuerdos o trabajar en otro medio. El problema aparece cuando cambian los principios al ritmo que cambian las conveniencias. Pues cuando políticos y periodistas convierten sus convicciones en camisetas intercambiables, quien termina perdiendo no es un partido ni un medio: pierde el ciudadano, que ya no sabe si está escuchando una convicción o simplemente al mejor postor.

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