seccionales 2026
La polarización cierra el paso a una tercera vía en Ecuador
La debilidad de los partidos, la falta de nuevos liderazgos y una campaña corta dificultan que una alternativa al correísmo y al anticorreísmo se consolide

La polarización entre correísmo y anticorreísmo reduce el espacio para nuevas opciones políticas en Ecuador.
Lo que debes saber
- La polarización entre correísmo y anticorreísmo limita el espacio para nuevas opciones.
- Los partidos tienen estructuras débiles para construir nuevos liderazgos.
- El corto tiempo de campaña dificulta que una tercera vía gane reconocimiento.
A 12 semanas de las elecciones seccionales, a criterio de expertos en política, es difícil que en estos comicios surja una tercera vía y, aún más, una cuarta. La polarización entre correísmo y anticorreísmo, la debilidad de las organizaciones políticas y la falta de nuevos liderazgos con estructuras propias dejan poco margen para que una alternativa distinta se consolide. Este escenario proyecta una penumbra sobre el futuro democrático y participativo del país.
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Una política atrapada entre dos polos
La primera barrera estaría en la propia lógica con la que se desarrolla la política ecuatoriana. Andrea Endara, coordinadora de Ciencias Políticas de la Universidad Casa Grande, explica que el país permanece atrapado en una dinámica binaria en la que la identidad pesa más que las propuestas. Es por eso por lo que, al sufragar, la idea es que “no importa quién sea el otro con tal de que sea anticorreísta y viceversa”.
Sin embargo, no basta con ubicarse fuera de esos dos bloques. Para que exista una alternativa real, debe haber una propuesta que logre conectar con quienes no se sienten representados por ninguno. Endara advierte que, hasta ahora, los llamados a frenar la polarización no se han traducido en planteamientos económicos, institucionales y culturales capaces de mostrar al elector qué ofrece ese camino distinto.
El analista político Andrés Obando pone el foco precisamente en ese segmento. La tercera vía, explica, tendría que mirar al votante moderado: aquel que no se identifica con los extremos y que prioriza el pragmatismo en la administración pública. Por su parte, considera que ese espacio existe, pero todavía no encuentra una figura que lo represente con claridad en estos comicios.
El problema, señala, es que algunos actores políticos que intentan ocuparlo llegan con antecedentes vinculados a uno de los dos lados. Para Obando, desprenderse electoralmente del correísmo o del anticorreísmo no convierte automáticamente a un candidato en una opción de centro. El “ser la tercera vía por oportunismo” es, en su opinión, una muestra de que el concepto puede ser utilizado sin que exista detrás una propuesta coherente.
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Partidos sin estructuras para nuevos liderazgos
Además, la ausencia de esa alternativa también tendría una explicación en la debilidad de los partidos. Endara expone que el sistema político ecuatoriano arrastra estructuras “sumamente débiles e inexistentes”. Los movimientos, en muchos casos, aparecen para competir en una elección, pero no logran funcionar como organizaciones permanentes capaces de representar a la ciudadanía y de construir cuadros.
Paolo Moncagatta, politólogo y decano del Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad San Francisco de Quito, coincide en ese diagnóstico. Desde su punto de vista, el sistema de partidos ecuatoriano fue debilitado y desmantelado durante décadas. Por eso, cuando aparecen nuevas opciones, suelen depender más de una persona que de una estructura partidista.
Esa personalización, sin embargo, deja una dificultad adicional: los nuevos liderazgos no nacen necesariamente de procesos internos de formación política, subraya Moncagatta. Esto, porque dentro de las organizaciones políticas tampoco existe una competencia real que permita el desarrollo de distintas corrientes. “No hay la verdadera competencia, no hay elecciones internas que sean reales”, afirma el decano.
A la fragilidad partidista se suma también el tiempo. Caroline Ávila, analista política y catedrática, considera que el adelanto del proceso electoral redujo las posibilidades de que partidos y movimientos construyan vínculos con el electorado. Eso ha generado que no exista suficiente espacio para presentar proyectos, generar conversación, debatir y permitir que nuevos rostros ganaran reconocimiento.
Con una campaña corta, Ávila sostiene que una figura desconocida tendrá dificultades para instalarse frente a candidatos que ya cuentan con una identificación política previa. No obstante, el actual escenario político también ha generado que, entre quienes pretenden mostrarse como una opción distinta, prefieran ser cautos.
El peso de los liderazgos locales podría abrir espacios para candidaturas alejadas de la polarización nacional.
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El costo de quedarse fuera de los extremos
Ávila advierte que los movimientos políticos pequeños y frágiles tienen menos capacidad para resistir presiones, mientras que incluso organizaciones más consolidadas pueden optar por guardar distancia. “Prefieren esperar, estar silbando bajito”, afirma.
Por eso, para los entrevistados, la discusión sobre una tercera o cuarta vía trasciende la cantidad de candidatos que aparezcan en una papeleta. Ávila sostiene que lo fundamental es que “esa diversidad de criterios esté manifestada en la conversación política”.
Para que ese espacio pueda consolidarse, Moncagatta enfatiza que las tiendas políticas tendrán que asumir una tarea que hasta ahora permanece pendiente: dejar de funcionar como vehículos electorales. Endara plantea que también debe existir voluntad para que esas estructuras representen realmente a la ciudadanía y para reformar el sistema de partidos.
Para ello, la académica considera necesario recuperar la participación ciudadana y generar espacios de conversación entre la política, la academia, el sector empresarial y la sociedad civil. Sin ese intercambio, advierte Endara, será difícil romper el círculo que mantiene al país entre dos polos.
Esto, según Obando, podría hacer que el autoritarismo se enraíce, ya que “los dos extremos tienden a tratar de controlar”. Frente a este escenario, considera que las tiendas políticas tienen hasta 2029 para formar un perfil presidencial moderado: “No puede caer en un momento en un correísmo y en otro momento en un anticorreísmo; tiene que ser un perfil técnico, que se presente como tal en un entorno polarizado”.
El espacio del centro podría quedar vacío, en estos comicios, si ningún candidato asume el costo de enfrentarse a la polarización.
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Una democracia con menos opciones y más riesgos
La ausencia de una alternativa política más amplia no solo reduce las opciones electorales: también puede deteriorar la calidad de la democracia. Para el politólogo Paolo Moncagatta, si no aparecen nuevas corrientes, los ciudadanos quedan “limitados y obligados a votar por lo uno o lo anti”. El problema, advierte, también alcanza al debate público: “Es perjudicial para la calidad del debate público en general, para la calidad de la democracia”.
El riesgo es que el voto termine definido más por el rechazo que por la adhesión a un proyecto. La analista política Caroline Ávila plantea que, ante la falta de opciones, los electores ecuatorianos pueden verse forzados a escoger entre alternativas que no responden a sus expectativas, convirtiendo la elección en una decisión sobre el poder de turno y no sobre las propuestas para el país.
A esto se suma el riesgo de que los extremos ganen mayor espacio. El analista político Andrés Obando señala que las voces moderadas suelen ser silenciadas por temor a represalias, mientras los sectores más radicales ocupan el debate.
La politóloga Andrea Endara advierte que, sin cambios, la polarización puede mantenerse y profundizarse. El escenario hasta 2029, por tanto, no sería solo de menor diversidad electoral, sino de una democracia con menos opciones, menor deliberación y un electorado cada vez más obligado a escoger entre dos polos.