Con Marco Rubio y Meloni, el discurso de occidente renace
Ya no nos gobierna el más apto o el más honesto, nos gobierna el que gana una elección.
En estos días de carnaval, ha circulado masivamente (¡en buena hora!) el discurso que dio el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en el marco de la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich.
Bajo el acertado criterio de que “siempre seremos hijos de Europa”, refiriéndose a la historia entre estadounidenses y europeos, Rubio dio la que seguramente será una de sus más relevantes y profundas cátedras en su carrera política. Se trata de un tratado sobre los valores de occidente, en el que ha reafirmado los lazos culturales, económicos pero también espirituales de ambas regiones.
En el año 2016, Obama acababa de visitar Europa en uno de sus últimos viajes como Presidente de Estados Unidos. Su intención era reforzar esa visión de occidente que inició después de la segunda guerra mundial y que logró la reconstrucción europea en base a los valores de la libertad y la democracia.
La intención de Barack Obama era sobre todo convencer a Gran Bretaña de permanecer en la Unión Europea y pedir a Alemania que apoye al proyecto del acuerdo comercial transatlántico (TTIP). Pero no le fue bien.
Un artículo publicado por el entonces alcalde de Londres, Boris Johnson, al día siguiente de una entrevista al visitante estadounidense, marcaba la línea de lo que vendría en el paso de los años: a los británicos no les interesaba ser parte de occidente. Johnson criticó inclusive los orígenes kenianos de Obama, asegurando que debido a aquello, él era un antibritánico.
La realidad es que hoy Reino Unido afronta una de sus crisis más serias en su historia. El Brexit fue un fracaso y generó en los británicos un sentimiento de arrepentimiento de una medida que no tiene retorno. Para occidente fue un punto de inflexión. Alemania, en cambio, tuvo un cambio político con la salida de Angela Merkel, quien, poco antes del fin de su gobierno, había firmado el 5G con China y proyectos de gas con Rusia.
Es claro para todos que el mundo occidental ha ido perdiendo todo aquello en lo que creyó durante varios siglos: los valores de libertad, de igualdad, de democracia e inclusive de Dios, base fundamental sobre la que se construyó la idea de occidente. La política ha perdido por esto su capacidad de guiar la vida de sus pueblos.
Es que los valores que antes pregonaba occidente, están deteriorados. Estamos ante una cultura moderna que piensa que todo está permitido y todo es posible. Es decir, libertad como emancipación: el modelo se emancipa de la tradición, del pasado, de la realidad natural. Y también de ese Dios que dio moralidad a la construcción social.
Vivimos en un mundo donde ya no son los valores los que mantienen la sociedad agrupada. Son los procedimientos los que agrupan la sociedad. Ya no nos gobierna el más apto o el más honesto, nos gobierna el que gana una elección. Y aquellos que ganan no siempre piensan en el bien común, sino en el interés político.
A través de una aplicación como TikTok, vemos que los valores ahora se traducen en bailes y “reels”. Por eso Rubio, al igual que lo ha hecho la italiana Meloni respecto al mismo contexto, acertó en sus palabras: debemos ser los amables cuidadores del declive de Occidente.