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Diario Expreso Ecuador

Cambio de manos

Leer en silencio junto a otros, prestar, regalar y compartir libros revela un trayecto que las cifras sobre hábitos lectores todavía no alcanzan a medir

Personas leen sus propios libros en un espacio compartido, una tendencia que transforma la lectura individual en una experiencia colectiva.

Personas leen sus propios libros en un espacio compartido, una tendencia que transforma la lectura individual en una experiencia colectiva.Imagen generada con CHATGPT

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En la terraza de un centro cultural de Buenos Aires cientos de personas leyeron media hora en silencio, cada una su libro, y después conversaron. Nadie leyó con nadie. Lo colectivo fue estar a la vista. Leer así en compañía empezó en 2012 en un bar de vinos de San Francisco y esa red dice tener capítulos en más de sesenta países. La de Recoleta es de otro linaje, como la fiesta de lectura. Así la bautizaron cuatro neoyorquinos que en 2023 se negaron a llamarlo club, porque a un club hay que llegar con el libro leído y a ellos lo que les faltaba era la hora de leerlo.

Los libros y sus caminos

El libro también se mueve distinto antes de llegar a esas manos. El instituto de estadística mexicano preguntó en 2025 a sus lectores cómo consiguieron lo que leían. El 38 % lo recibió regalado o prestado y el 23 % lo descargó gratis. El 33 % lo compró nuevo.

En Ecuador no hay una pregunta equivalente. La única encuesta nacional de hábitos lectores se levantó en 2021 y dice que el ecuatoriano lee un libro completo y dos a medias al año. Mientras tanto la Cámara Ecuatoriana del Libro registró 8.253 títulos con ISBN durante 2025.

Ocho mil títulos registrados al año en un país donde cada persona termina uno. Esa distancia se suele leer como fracaso del lector. Una cifra cuenta cuándo nace el libro y la otra cuándo alguien lo acaba. Ninguna ve el trayecto, que es donde ocurre casi todo.

El libro es un objeto que se hereda, se presta y se pasa de mano. El paréntesis raro en la historia fue aquel en que leer significó comprar y encerrarse. Hoy la soledad de leer se pone a la vista.

En Guayaquil, los libros también circulan

En Guayaquil ese trayecto tiene nombre. Mayi Gómez es terapeuta y este año empezó a repartir libros gratis en el parque de Urdesa. A comienzos de agosto su Librería Circular había recibido 2.057 ejemplares y entregado casi mil quinientos. Los donantes los llevan en maletas, sacos de arroz vacíos, fundas, baúles de carros.

Un parque de Urdesa, una terraza en Recoleta, una azotea de Brooklyn. Ninguno se levantó para vender nada. Ahí el valor del libro se mide en horas de atención y en ganas de estar cerca de alguien. Esta columna sale un lunes. También pide tiempo y manos que no conozco.

Seguimos en @bb_latente.

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