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Diario Expreso Ecuador

‘Common decency’

Una democracia puede vivir con desacuerdos profundos. Lo que difícilmente puede soportar es que empecemos a tratarnos como enemigos a muerte

Dos manos intentan encontrarse en medio de un escenario de tensión y división, como símbolo de la humanidad que debería prevalecer sobre las diferencias políticas.

Dos manos intentan encontrarse en medio de un escenario de tensión y división, como símbolo de la humanidad que debería prevalecer sobre las diferencias políticas.Imagen generada con CHATGPT

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George Orwell usaba una expresión que, dados ciertos acontecimientos recientes, parece especialmente necesaria: ‘common decency’. La frase no tiene una traducción precisa en español, pero no se refería a buenos modales ni a la simple cortesía, sino a algo más profundo. A ese sentido moral básico que debería impedirnos justificar cualquier cosa en nombre de una causa o una pertenencia política.

Y es que la política también debería estar sometida a ese límite. Podemos juzgar con dureza a una persona y cuestionar su actuar. Incluso podemos rechazar aquello que representa, pero ese juicio no debería imponerse a una realidad anterior a todo eso. Antes que un adversario hay un ser humano.

Cuando la tragedia se convierte en ajuste de cuentas

La muerte de Michele Sensi-Contugi volvió a poner sobre la mesa la ausencia de esa decencia común. Su cercanía con el Gobierno y las responsabilidades que tuvo no desaparecen por su muerte, ni tampoco el juicio que cada uno pueda hacer sobre su trayectoria. Pero nada de eso debería convertir una tragedia en una oportunidad para ajustar cuentas. El dolor de sus hijos y sus deudos no tiene divisa política.

Es que quizás una parte de lo que nos tiene enfrentados como sociedad nace justamente de haber perdido ese límite. Ya no basta con discrepar, al otro hay que descalificarlo por completo y atribuirle siempre las peores intenciones. La política termina ocupándolo todo, incluso aquellos espacios en los que debería dejarse de lado.

Y lo vemos de lado y lado. Cambian los nombres y las posiciones, pero el mecanismo se repite. Al adversario se lo transforma en enemigo y entonces cualquier gesto de humanidad hacia él parece una concesión. Hasta lamentar una muerte puede convertirse en motivo de sospecha.

La democracia no puede sostenerse entre enemigos

Una democracia puede vivir con desacuerdos profundos, de hecho, para eso está diseñada. Lo que difícilmente puede soportar es que empecemos a tratarnos como enemigos a muerte.

Y no se trata de absolver a nadie ni suspender el juicio sobre sus actos. Se trata de conservar algo mucho más sencillo y, quizás por eso, más difícil. Eso por lo que Orwell decía que valía la pena luchar. ‘Common decency’.

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