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Diario Expreso Ecuador

ANÁLISIS

Ecuador: Los apagones ya están aquí

El Gobierno y sus voceros no los llaman como tales. A lo largo de 2026, los apagones han ocurrido una y otra vez. En esa oscuridad, crece el silencio

Aunque no han sido llamado apagones, existen corte de luz en varias ciudades del país.

Aunque no han sido llamado apagones, existen corte de luz en varias ciudades del país.ARCHIVO

César Febres-Cordero Loyola

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Lo que debes saber

  • Daniel Noboa aseguró que no habría apagones en los hogares, pero la promesa quedó en entredicho.
  • Industrias y barrios residenciales de Quito y Guayaquil reportan cortes prolongados de energía.
  • La falta de información oficial sobre la crisis eléctrica profundiza el malestar ciudadano.

“Ninguna familia ecuatoriana va a tener algún corte de luz”. Así lo prometió el presidente de la República, flanqueado por su jefe de gabinete y enteramente a gusto con lo que tenía al frente. Noboa se aventuró a ir más allá, advirtiendo que “por más que sueñen los odiadores que haya cortes, no va a haber cortes”. Esa es un promesa incumplida desde antes de haber sido pronunciada.

Racionamiento energético en el sector productivo

Primero, porque las industrias vienen ya varios días padeciendo de apagones, que han crecido en su alcance y duración: 24, 48, 72 horas. Quito, Durán, Ambato, luego otras ciudades. Encima, les subieron la tarifa eléctrica. Pero al menos les cayó un premio de consuelo: finalmente los recibieron para dialogar, dialogar y dialogar, como pedía un dirigente empresarial del Guayas. También se ofreció café.

Cortes de energía en el sector residencial

Las industrias, claro, no son las familias ecuatorianas. Las alimentan, las visten, les equipan la casa, al menos en parte. A muchos les dan un salario. Pero no son las familias ecuatorianas en sus hogares. Esa es otra cosa, el sector residencial, doméstico. Pasa que ellos también han sido afectados por apagones. La cuestión es que, y ahí hay otro juego semántico, el Gobierno y sus voceros oficiales y extraoficiales no los llaman como tales. De hecho, prefieren pretender que nunca ocurrieron.

Reportes de apagones en Quito y Guayaquil

Gracias al cielo y su favor que no se agota, aunque también nos reviente a gotas, existe la prensa, y ella ha puesto en evidencia la ocurrencia de esos cortes de luz. Diversos medios de comunicación han reportado desde la semana pasada cortes en Quito y Guayaquil, mientras que a lo largo de la avenidas de los suburbios de los más privilegiados, las ciudadelas y centros comerciales reciben sendas cartas de la Empresa Eléctrica solicitando desconexiones voluntarias o adelantando apagones.

Testimonios en barrios de la urbe porteña

Ecuavisa, Teleamazonas y este Diario han publicado notas y reportajes realizados con base en visitas al terreno, al mítico territorio donde el jefe de gabinete del Gobierno dice que se encuentran ocupados los ministros, en las que han entrevistado a moradores de Mapasingue, del Guasmo, de la Kennedy y de otros barrios al oeste, al sur y al norte de la urbe porteña, todos diciendo que pasaron horas y hasta días enteros sin luz. Los equipos de televisión hasta mostraron con sus cámaras los hogares y locales desconectados.

Esto no es nuevo. A lo largo del año, los apagones han ocurrido una y otra vez. A veces el Gobierno ha dicho que se deben a problemas ajenos a la generación, es decir, han sido cosa de la transmisión y distribución. Pero todo eso le corresponde también al Gobierno y a las empresas públicas, por supuesto. En otras ocasiones no han dicho nada. Por ahí salió hace poco una publicación en redes de una cuenta oficial apuntando a un posible daño a una subestación, pero no mucho más.

Daniel Noboa aseguró que no habría apagones.

Daniel Noboa aseguró que no habría apagones.Cortesía

Responsabilidad estatal y transparencia informativa

Sea lo que sea, sobredemanda, poca generación, falta de mantenimiento o una zarigüeya, el Estado y quienes lo administran son responsables de evitarlo, repararlo, pero sobre todo de informarlo. La ciudadanía, que paga sus impuestos y que trabaja todos los días para sacar al país adelante, merece y también necesita saber cuándo y por qué les van a cortar la luz.

Si el Gobierno teme a la reacción impaciente de la gente, se puede equivocar jugando con su credulidad. Pero aunque no sea así, aunque el margen de tolerancia de la ciudadanía exceda todo, como parece que ocurre con los ilustres patricios y empresarios, este país no debe basarse en la lógica de lo popular y lo expedito para los políticos.

El camino al desarrollo y la preservación de la democracia solo puede ser transitado por una sociedad en la que la transparencia sea la regla. Y es posible, creíble y antes que nada demostrable que el pueblo sabe aceptar las explicaciones de una autoridad que se presenta ante ellos con humildad y honestidad durante la crisis.

Los apagones ya están aquí, aunque no sean tantos como en el 2024. Sin embargo, parece que el país opera todavía con la luz apagada. Y en esa oscuridad, crece el silencio.

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