Editorial | Que Mazar tenga agua, no basta

Subestaciones como la de Pascuales ya no ofrecen un servicio de calidad. Presentan problemas, como bajos niveles de voltaje

Ocurrió más rápido de lo imaginado. Guayaquil y sus zonas colindantes vivieron el domingo pasado su primer apagón del año. Esta vez no fue por la falta de lluvias ni por la sequía en los caudales que, días atrás, revivieron el temor de los cortes eléctricos, sino por el estado precario del sistema energético sobre lo cual Cenace ya le ha venido advirtiendo al Gobierno.

Subestaciones como la de Pascuales, epicentro del apagón reciente, ya no ofrecen un servicio de calidad. Presentan bajos niveles de voltaje, sobrecarga de transformadores y un sistema de transmisión que colapsa por la fragilidad de su infraestructura, la vetustez de sus equipos y una demanda creciente de energía en los hogares, que aún debe cubrirse.

Ha bastado una lluvia para darnos cuenta de que la promesa del Gobierno de que no habrá interrupciones en la provisión del servicio, tiene poca o nula garantía. Las autoridades, lejos de desestimar o ‘patear’ los problemas con soluciones parche, deberían adoptar políticas integrales que incluyan cambios de raíz y medidas emergentes, como la contratación de energía que subsane problemas eventuales. No basta con decir que hay agua en Mazar si tenemos un sistema eléctrico y una red de transmisión que no funcionan, que ponen en riesgo de quedarse a oscuras a todo un país y que afectan el bienestar de su población y su economía.