Editorial: Todo un espectáculo

Fue un espectáculo más del oficialismo, diseñado para lavarse las manos y evitar responsabilidades ante el escándalo

La Asamblea Nacional, como ya está acostumbrada, se convirtió ayer es un estercolero de acusaciones sin prueba.

Con la diferencia de que ahora se le dio el micrófono al presidente del Consejo de la Judicatura y no a un sentenciado por la justicia, la escena fue casi la misma: acusaciones sin mayor sustento y acomodadas a los intereses de quien las pronuncia. Fue un verdadero espectáculo, de aquellos a los que el oficialismo tiene acostumbrados a los ciudadanos, para lavarse las manos y que luego nadie les achaque que no hicieron nada ante el estrepitoso escándalo que salpica al titular de la Judicatura.

Quien esperara algo decente de esa comparecencia pecó de ingenuo. La clase política ecuatoriana arma shows cuando no tiene nada sustancioso qué decir. Así, anteponer un debate sobre la crisis venezolana -una situación muy delicada, que afecta a Ecuador y al mundo- al de la crisis judicial en el país, es simplemente desconocer la realidad nacional. El espectáculo volvió a imponerse. Todo esto nos deja un único mensaje: la justicia seguirá secuestrada por el poder político. Liberarla debe ser la discusión de fondo. Sin embargo, ni de parte del oficialismo, ni de la oposición existen claros indicios de querer hacerlo. Y la llave pasará de manos, de un carcelero a otro, sin que nadie haga algo.