Editorial: Seguridad infiltrada

Mientras el Estado no depure a la seguridad ni exponga las infiltraciones en empresas privadas, la inseguridad persistirá

El país no puede seguir esperando indefinidamente la depuración de los cuerpos de seguridad del Estado ni de las compañías privadas encargadas de proteger a ciudadanos y entidades públicas. La infiltración de grupos criminales en estas instituciones no es una sospecha aislada, sino una realidad que se refleja en el incremento de extorsiones, secuestros y asesinatos. Son justamente quienes portan un uniforme y tienen acceso privilegiado a la información los que, desde la cercanía, facilitan datos sensibles que luego son utilizados por las organizaciones delictivas para atacar a sus víctimas.

Resulta inaceptable que la seguridad ciudadana y la protección de las instituciones estatales estén en manos de personas vinculadas al crimen. Con policías y militares infiltrados, y con compañías de seguridad de propiedad de investigados, la confianza se desvanece y la vulnerabilidad se multiplica. No es casual que cada vez sea más frecuente el ingreso de delincuentes a urbanizaciones cerradas de la vía a Samborondón para robar y asesinar sin contemplaciones.

El Gobierno ya debió haber diseñado y ejecutado un plan serio, transparente y contundente de depuración. La ciudadanía no exige milagros, sino decisiones firmes que devuelvan la tranquilidad y la paz al Ecuador.