Editorial: Gestión ausente, riesgo latente
En un contexto de desgaste del régimen, este liderazgo amenaza la estabilidad institucional
La sorpresiva elección del nuevo presidente de la organización regional de los pueblos indígenas kichwas del país reabre un debate que ha sido postergado. Más que un relevo interno, constituye una señal del rumbo que podría tomar el movimiento social con mayor capacidad de presión en el Ecuador. El dirigente que asume llega con un historial de confrontación. Ha defendido una visión que justifica la fuerza como herramienta de cambio y lideró movilizaciones que marcaron un quiebre por su nivel de violencia.
Ese perfil tensó la relación con el Estado y fracturó puentes con sectores urbanos que antes veían al movimiento indígena con simpatía. También dejó huella en el brazo político del movimiento, al cerrarlo sobre una identidad excluyente y reducir su vocación plural. El resultado fue un aislamiento que debilitó su incidencia democrática, aunque mantuvo capacidad de bloqueo en las calles.
El riesgo es evidente. En un contexto de desgaste del régimen, este liderazgo amenaza la estabilidad institucional. Por eso preocupa la aparente pasividad y poca gestión política y social del Gobierno en territorios indígenas.
La falta de diálogo abre espacio a la radicalización. Corresponde por lo tanto al Ejecutivo recuperar presencia, escuchar y construir acuerdos antes de que la confrontación vuelva a imponerse.