Editorial | Evitar una tragedia en Nayón

La ciudad conoce bien las consecuencias de ignorar las advertencias de la naturaleza, con devastadores aluviones

Los derrumbes en la vía hacia Nayón han vuelto a encender las alarmas alrededor de una escena que se repite año a año: tierra que cede, tránsito interrumpido y vecinos que miran con inquietud cómo la montaña se vuelve inestable frente a sus hogares. La respuesta no puede limitarse a retirar escombros o habilitar rutas alternas. Esas acciones resuelven la emergencia, pero no eliminan el riesgo. La zona ha experimentado crecimiento urbano acelerado y tránsito constante, factores que exigen controles más estrictos y estudios técnicos permanentes sobre la estabilidad de los taludes. Sin embargo, no se regula la circulación de vehículos pesados y tampoco se evalúa la implementación de soluciones integrales, no solo en la vía de Nayón, sino en otras zonas vulnerables de Quito, como El Panecillo y El Trébol. La ciudad conoce bien las consecuencias de ignorar las advertencias de la naturaleza, con devastadores aluviones provocados por intensas lluvias que hacen colapsar las quebradas. Por eso la prevención no puede seguir siendo un discurso que aparece únicamente cuando el invierno golpea con fuerza.

El Municipio cuenta con planes, recursos y diagnósticos pero hay que convertirlos en acciones urgentes y sostenerlas en el tiempo con rigurosidad. Esperar a que ocurra una tragedia para actuar sería la peor de las decisiones.