Editorial | El silencio sospechoso

Por más que lo desdeñen y hasta les provoque coraje el ejercicio de algunos medios no se pueden apartar de esa obligación

Es su obligación, aunque crean o alguien les haya metido en la cabeza que no lo es. Los funcionarios públicos deben responder los pedidos de información y de entrevistas de los medios de comunicación. Por más que lo desdeñen y hasta les provoque coraje el ejercicio de algunos medios, como EXPRESO, no se pueden apartar de esa obligación. Guardar silencio solo priva al ciudadano de conocer una parte de la historia, lo que lo perjudica a él, no al medio. El diario, la radio, el canal de televisión o la plataforma digital consigna la ausencia de ese pronunciamiento y será el ciudadano quien sabrá interpretar ese silencio.

Parece que esta lógica aún no termina de entenderse entre la clase política ecuatoriana y la burocracia. Es una que se arrastra en mayor o menor medida de gobiernos anteriores.

Al parecer, se cree que dejar los pedidos de información y de entrevistas guardados en un archivo del correo electrónico o en un cajón de algún escritorio es la mejor respuesta.

Cualquier medio de comunicación que se digne llamarse como tal, siempre busca la verdad. Si se la quiere ocultar con la política oficial del silencio o con respuestas vagas, solo levantarán sospechas que perseguirán al gobierno a lo largo de su gestión.