Editoriales

Celebridad indígena

'No es el segundo mandatario y él lo sabe. Ridiculizado y todo, el líder indígena ha posicionado en el colectivo ciudadano una idea hasta ahora inverosímil'.

Aparte de una fuerte polarización ciudadana y un hondo malestar generalizado, las protestas de octubre dejaron una lección escondida que empieza a asomar a la superficie estos días. Sembrar polémica es una estrategia política tan o más eficaz que recorrer las calles en busca del apoyo popular.

El líder del indigenismo quiso hacerse respetar ante las autoridades migratorias de otro país -de igual forma que un notario guayaquileño quiso evadir una multa de tránsito- y cuando sus palabras se volvieron polémica, no dio marcha atrás. Al contrario, las reivindicó:es el segundo mandatario del país.

No lo es y él lo sabe. Siendo inaplicable cualquier intento de interpretar o matizar ese posicionamiento para aterrizarlo a la realidad -pues, se vea como se vea, no es mandatario nada más que de sus bases-, sería ingenuo pensar que solo fue un desliz o el fruto de su soberbia. Ridiculizado y todo, el líder indígena ha conseguido posicionar en el colectivo público a punta de polémica un escenario hasta ahora inverosímil: el liderazgo del país está ahí; no ahora, pero no significa que no pueda estarlo después.

No es el segundo mandatario y él lo sabe. Ridiculizado y todo, el líder indígena ha posicionado en el colectivo ciudadano una idea hasta ahora inverosímil:el liderazgo del país está ahí; no ahora, pero quién sabe en un tiempo.

Esa conveniente maniobra, sin embargo, conlleva riesgos. El principal es que sus bases y otros rostros visibles del movimiento indígena hayan optado por salirse del cuadro. Son cosas de él, dicen.