Columnas

Ecuador y las pandemias del siglo XXI

Si no lo hacemos, esas fuerzas oscuras y la COVID-19 habrán terminado con el Ecuador. Actuemos ahora, a tiempo y en profundidad.

El siglo XXI trajo la realidad virtual, revolución informática-telemática y comunicacional, y la revolución científica. Llegó con el dólar. Nos salvamos de la catástrofe y atenuó dolencias. Vino con cinco epidemias que han destruido y desestabilizado la precaria vida institucional, la democracia y todo el orden jurídico y normativo.

Primero fue el correato que destruyó y robó al Estado. Vino con canciones de patria y del Che. Lo pusieron: izquierdistas, sindicalistas obtusos, ecologistas, feministas, tránfugas de la partidocracia, genios malignos de la propaganda y los indígenas. Fue autoritario, déspota y perseguidor de la prensa. Su grupo de rateros, PhD de la corrupción: latrocinio y atraco de fondos públicos. Correa destruyó la democracia, economía y las instituciones. Sufrimos aún el desastre de aquello. El ladronzuelo sigue riéndose del saqueo mafioso. No hubo empresa pública que no robara y destruyera. Aún no nos recuperamos.

En octubre de 2019 vino la segunda epidemia: el intento de retornar del correísmo, vía terrorismo. Lo hizo junto a contrabandistas del combustible, narcotraficantes y resentidos sociales. Lo acompañaron el odio étnico de los indígenas. Sus efectos los vivió y sufrió todo el país. Lo incendiaron y dejaron más destruido.

Luego las otras tres: desinstitucionalización del país, democracia por un sistema podrido y corrupto del correísmo. Se hizo evidente en la Asamblea y hospitales públicos la acción del virus de la corrupción. Salió a la luz la alianza de corruptos del poscorreísmo con los ‘millenials’ de este virus mortal. Está en contratos, sobornos y saqueos en hospitales del IESS, empresas públicas, etc. En marzo de 2020 reventaron los efectos de COVID-19. Los miles de muertos, infectados y los cementerios llenos, así como las cuantiosas perdidas monetarias, económicas y laborales, evidencian sus efectos. En menos de 14 años el país ha sido afectado, destruido por estas cinco epidemias de las cuales tenemos que recuperarnos. Si no lo hacemos, esas fuerzas oscuras y la COVID-19 habrán terminado con el Ecuador. Actuemos ahora, a tiempo y en profundidad. La mejor vacuna de salvación es la unidad, asumiendo las medidas y acciones adecuadas para que ninguno de estos virus liquiden al Ecuador.