Columnas

La otra realidad

"... que nos guste o nos cause pavor quién puede ganar las elecciones es irrelevante para la ley y la verdad..."

Supongo que es humano: cuando necesitamos evadir la verdad, fraguamos una realidad paralela disparada por el miedo. O el odio. Al poder suele pasarle. Recuerdo a Rafael Correa, aupando una ridícula teoría golpista en el 30S, que se la inventó para no ver que sin su bravuconada de atropellar un cuartel, la teoría se le cae a pedacitos.

Recuerdo a Lenín Moreno, que con un país devastado repite que “hemos recuperado la patria”. Ha de ser la que reparte hospitales a la mafia y digita una justicia de 10/20.

Y ahora hay una realidad que inventan los adversarios del correísmo. Copiando los derroteros chuecos que usaba el expresidente, tuercen la ley a su antojo. Hace poco nos quisieron hacer creer que Correa no podía ser candidato a vicepresidente porque los requisitos para primer y segundo mandatario son iguales. ¿Y? ¿O sea que, si los requisitos para ser juez constitucional y fiscal general fuesen los mismos, ya no podría postularse a juez quien antes haya sido fiscal? Absurdo.

Son los que hoy claman descalificar al binomio correísta porque sostienen que su líder no estuvo presente al inscribir su candidatura, ni la aceptó. No hay tal: a Correa lo inscribieron y aceptó. Que no haya estado en persona no significa que no estuvo. ¿O cuando un profesor da clases virtuales (yo las he dado desde la playa y las pienso dar desde Katmandú) no es él quien las da sino su espíritu chocarrero? ¡Por favor! A Correa deben descalificarlo porque es reo de cárcel, pero enseguida habilitar que alguien pueda reemplazarlo y acompañar a Andrés Arauz en la papeleta.

Los devotos de la otra realidad olvidan que eso está previsto en la Constitución y la ley, y que un reglamento no puede violentarlo. Por encima de él están las reglas esenciales del juego: el derecho de participación y la transparencia de las elecciones.

Así se construye democracia, no eliminando candidatos, como lo hacen los regímenes criminales de Nicolás Maduro o Vladimir Putin. Que nos guste o nos cause pavor quien pueda ganar las elecciones es irrelevante para la ley y la verdad. Los enemigos de Correa, quién lo diría, parecen hoy sus alumnos.